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Dónde nos leen

viernes, 27 de febrero de 2015

27 rítmicos 28's


Mi vida siempre ha sido muy normal. De hecho, casi nada me sorprende y como todos, he tenido momentos buenos, malos, bizarros, pendejos, putañeros, rochosos, indescriptibles y demás etcéteras. Lo que rescato de todo este tiempo que vengo robando aire, es que hay momentos en los que te vas de tu realidad, en los que te arrancas del cuadro. Esos fotogramas, instantáneos al tiempo aunque imborrables en la memoria, son los que disfrutas al máximo y en los que te puedes mostrar como realmente eres, porque saltas, gritas, cantas –sin miedo al roche, porque hay tantas otras personas que lo hacen igual de horrible que tú- y te expresas como mejor sabes y sin precisar. Eres todo lo feliz que puedes –y quieres- ser. Esos momentos, increíbles y salvadores, se dan en los conciertos, claro está. Tu alma se llena de energía y, ¡saz!, eres tan rítmicamente tú que no lo crees.

Hoy es mi último día con esta edad y la música me ha salvado de los momentos horrorosos que me han tocado vivir. Hoy me vi obligado conmigo mismo a hacer una pequeña-larga lista de 27 temas que me han alimentado el alma in situ (pondría muchos más, pero ya cuando cumpla mil, quizás los ponga todos). A ver:

*SODA STEREO:Cerati, Alberti y Bosio agrupan a mi banda matriz (¡qué novedad!) e ir al Nacional aquel día de diciembre, hace más de siete años, era algo obligatorio. Si no iba, me iba a lamentar toda mi miserable vida. Fui como pude y estoy agradecido con todos los temas de ese concierto, pero más con estos:

1.-Prófugos: a mi poco sensato entender, es la mejor canción en este idioma que no tiene tantas buenas bandas como quisiera. Ese 8 de diciembre que la escuché alive, se paralizó el mundo. Esos más de 200 soles que presté para ver a la Trilogía estaban pagados. Quedé en la quiebra después, pero, nadie me quitó lo cantado.
2.-Persiana Americana: dicen que saturó en los noventa, que todo el día y a cada rato sonaba en la radio. Yo era muy chico y seguro hubiese sido feliz todas esas millones de veces que la tocaron hasta el cansancio. Bueno, esa persiana hizo feliz a tanta gente esa noche y la saturación no fue otra que de alegría.

3.-No existes: alguna vez la escuché y no le presté la atención debida. Hoy es la canción de algunas que me han hecho la vida de cuadritos. La carga de revancha y fuerza en ese tema son tan especiales. Es despecho y venganza pura. En vivo sonó mejor.

4.-De música ligera: mítica.
De este tema salió en inmortal “Gracias totales”. Aquella noche en el José Díaz fue algo así como Buenos Aires en el ’97. Gracias Soda, carajo.

*Gustavo Cerati:
Leadsinger de Soda. Creativo, buen músico y único ídolo de este casi cumpleañero. Si tengo que agradecerle a alguien por haberme acercado más al Gustavo solista, es a mi querido Javier Vásquez, al que precisamente me encontré esa noche sanmarquina. Aquella vez también tocó el insignificante de Arjona en Lima y la burla al guatemalteco por parte del más grande fue celebradísima. Fue la última gracia de Gus en Lima. Hasta por eso se le extrañará por los siglos de los siglos.

5.-Puente: Bocanada guarda muchas joyas, pero esta canción es el centro del disco. Todos aquellos que le dijeron varias veces a Cerati “Gracias por venir” (parte de la lírica de esta canción), en vivo, no se lo dijeron con el sonido de la voz, sino, con el sonido del corazón. Temón.

6.-Vivo: debe ser la más feeling de todas las de Gus y alguna vez se la dediqué a alguien. Es la que siempre está ahí cuando pierdo la cordura, cuando el corazón agarra ritmo y se imagina con otra de la misma especie. “El fin de amar es sentirse más vivo…”

7.-Pulsar: el solito de guitarra al intermedio de esta canción –que tiene matices de electrónica- es algo tan espectacular, que lo tenía que verificar en vivo y Cerati no me decepcionó para nada: un genio. Fue tan creativo como tan buen guitarrista.

8.-Rapto: la más rock de “Fuerza natural”. Basement hizo un poco más extensa la riqueza del tema al ponerla como base(ment) de la línea de ropa que sacó el ídolo en el 2009. Ese día, ropa afuera y a saltar con esta canción. ¡La gloria!

*Paul McCartney:Ya había comprado mi entrada para su show, la más barata, claro está. Los precios volaban por ver a un Beatle en Lima y no era para menos. En ese tiempo trabajaba de madrugada en RPP y un día, entre sueños, la llamada de un compañero me despertó. Al contestar, recuerdo haber escuchado esto: “Huevón, te has ganado una entrada para el concierto de McCartney”, y yo, legañoso e incrédulo lo verifiqué. “Mierda, ¡qué tal suerte!”, fue lo único que dije. Y sí, pues. Una de esas cuatro entradas sorteadas para -no sé- mil personas, fue para mí. La entrada que ya tenía la vendí al doble. Un negociazo por todos lados.

9.-Hey Jude: ya instalado en el estadio del eterno rival, esperaba al Beatle cerca al escenario. Esta canción es la mejor que he escuchado en vivo por la magnitud del artista. Mítica. Cerrar los ojos y sentir la energía de los otros tres de Liverpool ahí, no tuvo explicación. Es de esos instantes en los que agradeces al cielo y en los que, a la vez, se te forma un nudo en la garganta de la emoción.

10.-The long and winding road: mi himno, la canción de mi vida, mi soundtrack personal. Feeling, melancólica, increíble. Más si tienes a Sir Paul a unos cuantos metros cantándola. Puta madre, no hubo palabras.

11.-And I love her: empezar a escuchar esa canción hizo que saque el celular y mande un mensaje con el nombre de la misma. Recibir una respuesta con un “and I love you”, fue brutal. Grande, Sir.

*Kiss:
12.-Lick it up: nunca antes la había escuchado y me enganchó en one. Sexual al 1000%, toda la gente que fue al concierto de Kiss, quedó asombrada por el show y por canciones como esta que tenían, al menos para mí, unos sonidos nóveles muy, muy pajas.

13.-Rock n’ roll all night: fui a ese show más de sapo que de fan.
Quería chequear qué tal. No era muy seguidor de esta banda gringa, así que este tema y unos pocos más me iban a hacer la noche. Errado totalmente. Esta canción solo resaltó lo grandiosa que fueron esas casi 3 horas.

*Oasis:
14.-Wonderwall: canciones como “Don’t look back in anger” y “Don’t go away” me jalaban más que esta, la verdad. Al final nunca tocaron esas e hicieron de ese tema del “Morning glory”, algo genial: olvidaron la batería, bajo y demás instrumentos para ponerse, Noel y Líam, uno al lado del otro y acompañarse solo de una guitarra acústica. Feeling por todos los lados. No hicieron eso en ninguna otra ciudad de esa gira. Imborrable.

15.-Rock and roll star: el mejor arranque de un concierto, lejos. El mejor. Explosivo, fuerte. La gente saltando como loca y uno que no se lo creía. Tenía a los Gallagher frente a mí abriendo esa brillante noche del 2009 con esa joya. Esa canción materializó la felicidad. Mi tercer mejor show, anyway. "Tonight, i'm a rock and roll star..."

16.-Masterplan: el descubrimiento de ese concierto. Si la escuché antes, no me acuerdo. Pero fue la primera de Oasis que puse en el celular porque de ese tema nació una idolatría perpetua.
“Say it loud and sing it proud…”

*Juan Luis Guerra:
17.-Mi bendición: ese día sufrí la peor perrada previa a un concierto (no la voy a contar). Pero esa canción, que es feeling en todas sus fibras y es la segunda mejor invención del barbón, me hizo la nait. A colación de la escala, pienso que la primera es “Quisiera”, pero no la tocó (puta madre). Hablando de Guerra, es el único al que tolero cantando bachata y ya de solo pensar en los aullidos de un Romeo que canta como Julieta, se me crispa el pellejo. Grande, Juan Luis. Siempre.

*New Order:
18.-Bizarre love triangle: el tema que me hizo despejar la tristeza por unos cuantos ratos, dado que Camus –un hijo canino-, acababa de fallecer y tenía lágrimas en los ojos y unos recuerdos que podían multiplicar tal llanto. Siempre con el luto, la canté. Un acierto ese concierto.

19.-Regret: el mejor tema de New Order, junto a Blue Monday. Tenerlo grabado en el celular, es de esos regalos que te da la vida. Keane, también tocó esa noche, pero a esa banda la podía ver mil veces más. A New Order, pensé, “solo la voy a ver esta vez”.

*Metallica:
20.-Enter Sandman: imposible no recordar a Gera, Ana, un brother más y yo; cantando a todo pulmón este tema. Particularmente, lo esperé mucho. No fui al concierto del 2010 y esta era mi revancha. Hetfield y compañía nos volaron la cabeza a todos. Qué tal fuerza, más en esta canción. Conciertazo “metálico”.

21.-Master of puppets: el sonido y la acústica del Nacional, resaltaron esta canción. Un hit. Entre chela, metal y pogo, todo fue mejor. La risa al final de este largo tema fue un coro diabólico. “I will help you die…”

*Iron Maiden:
22.-Aces High: espero ver a la Dama de Hierro por tercera vez en Lima, cuando el amigo Dickinson ya esté bien. Recuperado, hará del escenario una total destrucción, tal como lo hizo cuando tocó este tema, The trooper y tantos otros aputamareados. ¡Fuerza, Bruce querido!

*Red Hot Chili Peppers:
23.-Around the world: mi cara de gil se acentuó cuando las pantallas del escenario mostraban el videoclip de esta canción y el rasgueo inicial, terminó de matarme. No habían tocado este tema en otra ciudad antes y Lima era una total privilegiada. Puta madre, no recuerdo haber cantado tan feliz en mucho tiempo. Al otro día, un amigo de trabajo, me dijo: “imaginé tu cara de huevón con esa canción”. Tal cual.

*Gilberto Santa Rosa:
24.-Conciencia: es el único show al que he ido con mi vieja, por eso, el matiz es más que especial. Recuerdo a mamá cantar este tema, que es un hit, de principio a fin. En aquel concierto también estuvo José Feliciano. Admirable el tío, pero mejor aún GSR. Un capo el bigotón y sus músicos, mujeres todas, increíbles.

*Aerosmith:
25-Walk this way: el tema que salvó la quemada de mi vida. Fue el segundo concierto de Steven Tyler y compañía en Lima. Con una pasarela chévere, el tipo hizo un concierto para conocedores y bueno, yo no era muy fan de esta banda. La única que canté fue esta y Valeria, la chica con la que fui, solo movía la cabeza y gritaba.
Fue el fin.

*Noel Gallagher:
26.-Stop the clocks: “High flying birds”, discazo.
Todas sus canciones son pro, pero de cajón, esta y la que sigue son las mejores. Por un milagro del destino fui a ver a Noel. Ya sin Líam, tenía mis dudas, las mismas que fueron quemándose una a una mientras pasaba el show. Un capo el de Manchester. Este hincha del City, dijo después que Lima olía a pescado, pero creo que en vez de decir Lima, quiso decir Líam, puesto que la banda de su hermano es una mierda.

27.-If I had a gun: feeling. Recuerdo haber visto llorar a una flaca con este tema en el concierto. La catarata fue más fuerte en “i’m holding, i’m waiting for the moment to find me”. Bueno, la flaca se animó con otra canción que creo fue Record Machine.
Noel cierras la lista. Carajo, espero ver a los Gallagher juntos otra vez y que ahora sí canten “Don’t look back in anger”.

(…)

Well, well... Ya se va un año más y esta edad que pienso duplicar, me tiene que regalar música, la que a su vez, se tiene que multiplicar por mil. Espero que en esa operación, que ojalá me deje absorto, estén los conciertos de AC/DC, Muse, Nickelback y Morrissey, solo por mencionar 4. Nunca veré a Queen, al menos no con Freddie y es mi más grande decepción. En fin, gracias vida y gracias a la música que me ha hecho inmensamente feliz en todo este tiempo.

viernes, 2 de enero de 2015

Cuentos cortos de fin de año



Esto debió salir el día 1. Comprensiblemente, ese día casi todo el mundo iba a estar desnucado y yo no podía ser la excepción. Peor aún, después de los alegres litros de cerveza consumidos en las primeras horas del 2015. En fin, salió hoy, el día 2. Ayer me dio una flojera terrible mover músculo alguno. Si uno de los 3 gatos que lee esta escotilla virtual, se sintió afectado por no encontrar algo nuevo ayer, las disculpas del caso.

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Si bien el 2014 ha sido una colección de días putañeros, un montón de horas indescifrables y situaciones contrariadas; ha tenido sus mezquinos momentos agradables, que por generosos, son los que deben ir acá. Además es algo más ahorrativo poner esas cosas, dado que si enumero las malas, puta madre, me faltaría blog. Aunque poner algunas magras, como para sazonar, no hará del todo aburrida esta entrada. Acá va:


“El eclipse no fue parcial y cegó nuestras miradas”
Manchitas, inocente ella, llegó muy a finales del anteaño pasado -precisamente un Día de los Inocentes- a formar parte de alguien que solía ser cercana y a este remedo de escritor. Pasó la transición 13/14 en casa de personas de buen corazón, en especial el líder de ese clan: don O. En esas dos semanas que tuvimos a Manchas, reaprendí que no hay amor más fiel que el de un perro hacia su eventual amo y al fin pude ejercer someramente esa carrera que siempre creí frustrada: veterinaria.
Manchitas tuvo que mudarse al cielo y se fue como llegó: rápido. Aunque tengo la certeza que en esas dos semanas tuvo el amor, la comida y la atención que nunca antes tuvo. Querida, estás en la lista de mis hijos, así hayas sido la más fugaz.


“No creerías las cosas que he hecho por ella”
La media beca es algo que llegó a punta de esfuerzo e insinuaciones de lloriqueos ante el decano de mi universidad. Siempre, a excepción de este último ciclo que fue una mierda, he sido regular en la facultad: no muy bueno, no muy malo. Digamos, del 0 al 20, un 14. Nunca jalé con roche y nunca estuve para el tercio estudiantil. El caso es que Mr. Johan, el decano, accedió a darme ese cupón de descuento del 50%, a condonar la mitad de mis deudas, a evitarme el medio litro de llanto. Con ese beneficio en el bolsillo, hice todo lo que no debía hacer, emprendí un camino equívoco, un viaje a lo errático. Soy un huevón, lo sé. Este ciclo me descuidé y me arrepiento. Solo espero que esa media beca por la que peleé siga vigente. ¡Diosito, hazte otra, pe’!


“Goles suenan a la distancia”
Con el campeonato del Torneo del Inca obtenido a base de un fútbol ortodoxo, pensé que el equipo del cual soy patológico seguidor, Alianza Lima, tendría más éxitos en el año y conseguiríamos el título nacional después de ocho temporadas, pero con un pobre Apertura y con un Clausura que no llegó a consolidarse, ese fútbol a base de pelotazos improductivos volvió a imponerse por sobre el juego bonito que por ratos conseguía la blanquiazul y ello se mostró más claro en la final contra Cristal: perdimos y mi ilusión de dar la vuelta se ahogó por el poco oxígeno de Arequipa, lugar de la final. Será para este año. Igual y así seamos los peores, cosa que jamás seremos, pediré el día que me muera que me entierren con mi amada camiseta azul y blanca.


“El dolor es veneno, nena”
La chica de los 7. Recuerdo que un siete hablamos más de un “Hola y chao”, otro 7 le dije que me gustaba, otro siete la besé por primera vez en un taxi y otro siete pensaba en formalizar todo. Ese último nunca llegó. Todo iba muy bien, pasé momentos lindos con ella y después de pasajes extraños, pensé que ¡por fin!, podría darle sentido a esos días jodidos del año que pasó. Me enamoré e hice cosas que no había hecho para otra chica. Sin embargo, a veces sentía que no era del todo valorado, pero como todo es algo subjetivo, quizás, haya sido solo mi impresión. De cualquier modo y por más cosas dolorosas que también encontré en ese camino, pienso que esos instantes bonitos son los que quedan. Ahora el olvido es parte de mis días, pero a veces me da chiripiolca. El proceso de olvido para mí es pendejo, para ella siento que no lo fue.


“Un espíritu a veces seguro, otras veces incierto”
Salir de Inquba hizo que piense que todo sería mejor respecto a lo laboral y fue –contratodo pronóstico-  lo contrario. Irme por mejoras económicas no fue para nada compensado con la felicidad que sentía en esa agencia. En los dos lados en los que aterricé después, encontré gente bien paja, es cierto. Pero nada como la casa. Así no paguen mucho (aunque ahora no sé cómo será), en ese hogar publicitario aprendí bastante. No puedo hablar lo mismo de S y T. El no recibir conocimiento hizo que me sienta algo estancado y ello realmente fue frustrante. En el segundo lugar fui a aprender (supuestamente) y terminé siendo “profesor”, que no es del todo malo, pero uno va también a conocer cosas nuevas. Y no, pe’. No se dio y me jodí.


“Una eternidad esperé este instante”
Vi a Soda Stereo por única vez en mi vida en Diciembre del 2007. 2 horas y fracción irremplazables hicieron que esa idea de que eran lo mejor en este idioma, tome mucho más fuerza. Me quedé endeudado por ese concierto, pero a la mierda. Valió la pena. 7 años después volví a ver a un Soda: Charly Alberti. Esperar un par horas en el hall del Westin por ver al genio importó nada (realmente hubiese esperado un día, dos; por verlo). Su representante habló conmigo unos minutos antes de que él bajara de su piso y me dio las coordenadas de la salida del baterista: “Mirá, no debería decirte esto. Charly y yo (sho), bajamos en unos 10 minutos y saldremos por ese corredor –señalándome su ruta de escape-. Yo no te dije nada, eh. Ya sabés”. Dicho y hecho. Alberti con sus lentes Ray Ban, su gorra de R-21 y su porte de líder ambientalista se materializaron en ese lapso. Foto tomada, conversa hecha y mi disco de Soda garabateado por el che, hicieron de ese día de diciembre uno de los más aputamareados en estos 26 años. Viva Soda, carajo. Toda la vida.


“Ella es mi chica lunar”
La propuesta de ser padrino me agarró con cierta alegría. Ser papá es uno de mis sueños y esta labor se le parece mucho. Entendí que mis ahora compadres vieron en mí proyección, determinación, cierta madurez y tino para hacer las cosas; aunque creo que ya lo están dudando. Hace casi dos meses soy como el segundo padre de Zoe. Obligado por mi conciencia a regalarle algo en todas las navidades y en todos sus cumpleaños, veo en esta acción y algunas otras formativas, retos que me hacen feliz y que también, espero, hagan feliz a esta pioja, que es casi mi hija. Al menos muchos abrazos, consejos que no le van a servir de mucho, sarcasmo y buen rock; no le van a faltar.


“Te vi que llorabas, te vi que llorabas por él”
El que me conoce sabe que Gustavo Cerati es mi mayor referencia musical, es mi ídolo y su muerte dolió, vaya que sí. Tener sus discos, haber ido a sus conciertos, crecer con su música; no es poco y cuando se fue allá arriba sí que solté mis lágrimas.
Chespirito, es otro de esos personajes que despintó todo con su viaje a la otra dimensión. Haber visto al Chavito metido no en un barril, sino en un féretro, fue un poco traumático. 
Óscar Avilés, tipazo. Tuve el honor de cruzármelo un par de veces y conversar con este grande de las cuerdas. También se fue entre sollozos y jaranas tristes. 
Gabriel García Márquez, todas sus putas y sus lectores, ahora más tristes, lo recordarán porque todos nosotros tenemos corazón.


“Poner un disco eterno, crear la dimensión”
Los 28 de febrero son todos geniales. Claro, ese día nací yo. Aunque el del año que hoy ya es un cadáver fresco, fue mucho más chévere. Mi entonces jefa hizo de mi espacio de trabajo, el pequeño sitio del mundo más especial, los compañeros de la agencia cantaron –desafinados todos- el tradicional “Happy Birthday”, ese día estrené mi polo de Soda y me regalaron un disco de esa banda (aunque finalmente ese CD se quedó con la autora del obsequio. O sea que fue un regalo de mentirita), las demostraciones de cariño fueron inacabables (aunque siempre es así en los cumples. No hay que mentirse mucho, tampoco). Mis mejores amigos llegaron a gorrear la cena cumpleañera. ¡Perdón! Fueron a visitarme muy amablemente y mamá -mi amor-, con su abrazo cariñoso y rompecostillas, hicieron de ese último día del mes más corto del año, el mejor de todos sus pares. Un cumpleaños para recordar, indudablemente.


“Me verás volar por la ciudad de la furia”
Sí lloro por ti, Argentina. No olvidaré ese día de octubre que tenía el dinero para largarme a Buenos Aires, estaba a un puto click de decir: “carajo. Ciudad de la Furia, ahí vamos.” Era algo tan mío, tan personal, que no se lo comenté a nadie. Soñaba con pasearme por Caminito, ir a la Bombonera a ver a Boca, entrar a cuanto museo paja encontrara en la vía. La vida me jugó un revés y la inversión fue hacia esa persona que me hizo ver los días y sí que fue mejor, pero me queda esa espina de no haber conocido esa ciudad que anhelo todos los momentos. Aunque, Argentina, ya hay planes serios de estudiar por allá.


(...)


Bueno, algunos de estos puntos fueron increíbles en un inicio, con un arranque prometedor, nacieron con esperanza. Sin embargo, con el transcurrir de los días casi todos estos ítems se deshicieron, se evaporaron, se pudrieron y me quedé en nada. El 2014 fue irregular, aunque con matices buenos. Y alguna vez he renegado porque más de la mitad de las cosas que me tracé, no las logré. Y eso para una persona picona y autoexigente como yo es, por lo menos, chocante. Aunque entiendo también que todo es cíclico y la curva ahora va hacia arriba, felizmente. Me quedan las odiosas conclusiones de que hay que pensar mejor antes de decidir, rodearse de buenas personas –o al menos unas que no te hagan perder el tiempo-, mantener el ánimo y bañarse en ruda. Harta ruda.

Este año, es uno de revancha personal y tengo 365 oportunidades. Aunque a nadie le importa.


Feliz 2015, infelices.

domingo, 1 de junio de 2014

J


“Coco, ¿vamos?” Fue lo que dije después de saludar a mamá y al abuelo ni bien llegué a casa. Agarrar su correa  y ver la alegría de mi perro hizo que en cierta forma me contagiara de la misma, ya que llegaba un poco fuera de mí. Aunque al salir de ese hogar esa sensación se transformó en algo parecido a estar en la cima del Himalaya y pensar por lo que había pasado solo unos minutos antes. No sé, no me sentí ni bien ni mal. Solo quise caminar con este pequeño carnívoro de 8 años, despejar o, debo decir, ordenar pensamientos y llegar a la conclusión que debía refugiarme en esto que es mi vicio: escribir y soltar todo. Hacer catarsis, eso que alguien había hecho en este último día de mayo, este que está a punto de extinguirse.

(…)

Hoy, como la última vez que toqué este desordenado cuarto virtual, me toca escribir de ella. Ella que no es precisamente un canto a la afectividad, no es muy demostrativa. Aunque cuando ese tipo de personas hace algo así –feeling-, lo hace de corazón y de eso se sostienen estos párrafos que vienen a continuación. Esos que no sé si deba escribir, esos que pueden ser un Vía crucis o un recuento genial de esta noche que no hubiese sido bonita si no entrelazaba los brazos de ella, de ese ser tan especial, con los míos. Tener grabados esos segundos que pasaron y que fueron una eterna perfección, congelar esos instantes en los que no quise desprenderme de J, todo ello en conjunto fue una de las cosas más chéveres de este año. No quise dejar de sentir sus cabellos debajo de mis manos, sus ojos sinceramente cerrados y su respiración rápida (de verdad que no lo quise). Esa pequeña porción de tiempo hizo que me proyecte y que piense que al dejar de abrazarla ya iba a tener una larga vida junto a ella. En resumidas cuentas este horrible mes tuvo su mejor punto en ese rincón cerca a un lago artificial y junto a un miedo gracioso hacia las aves (su fobia).

Estar en ese parque enorme después de haber cancelado una caminata cervecera, tener la sombría noche de fondo, verla bajo ese faro de Narnia que alumbraba sus ojos rojos y cálidos, me convenció –o reconvenció- que esa oscuridad espesa se iba a disipar y en cierta forma así pasó. Tenerla al frente, escuchar medianamente lo que había hecho ese día, no ser tan detallista al decirme cómo es que se desprendió de sus demonios, pero sentir que se había quitado una roca pesada que la ataba a un pasado jodido y finalmente autodibujar en sí misma una sonrisa que tenía más luz que el faro adyacente, pagó toda esa larga fila de pasos que di para llegar a ese banquito resguardado por algunos canes y que tenía en ella ese elemento que hacía mágico todo ese ambiente.

(…)

“No te puedo contar todo lo que hice porque estoy bajo promesa” dijo para resumir ese ejercicio que mató sus miedos. Aunque por ratos soltó algunas de las cosas que la hicieron desfogar y sentirse libre. Ese “no te puedo contar”, se transformó en un “te lo cuento por partes y sin darme cuenta”. Y con lo poco que soltaba traté de armar cierta historia e interpretarla, traté de darle forma a esa mueca graciosa que componía de vez en cuando. Esa dichosa mueca, esa sonrisa que volvió a mover mi lado más visceral. Ese que había entrenado algunos días atrás para que sea tan frío como un pedazo de escarcha como el de esa vieja refri que tengo en casa. Esa sonrisa hackeó mi sistema y esa feroz y gélida parte entrenada, quedó hecha un ser indefenso, fácil de matar solo con lapo, totalmente vulnerable a su mirada.

Y fue en ese hablar y hablar en el que me preguntó si podía darme un abrazo y yo –incrédulo- solo atiné a burlarme, sanamente, claro. Y así se dio algo tan común para el resto del mundo y tan increíble para mí. Abrazarla fue una pequeña recompensa, creo yo, a esas pocas buenas cosas que he hecho en este tiempo. Tenerla un rato y sentirme tan bien es de esas cosas que no cambiaría por nada, aunque sé que ella no sintió lo que yo sentí. Ese gesto fue liberador para ella, pero más lo fue para mí. Con ese abrazo se me fueron las palabras y todo lo que dije después no estuvo hilado. Me quedé ahí, me morí en el tiempo y ya no hablé mucho (si alguna vez lees estas líneas, perdón por eso. Me quedé enganchado en ese instante y solo me concentré en ti).

Imagino, ya debe estar durmiendo sin temores, sin esa presión extra que la maniataba, que no la hacía del todo libre. Hoy sé que duerme más tranquila y que hoy 30 fue ese día bisagra que marcó el descanso de una vida pasada y que señaló un camino menos sinuoso. Hoy, fin de mes, puedo escribir que verla con una sonrisa legítima después de haber tenido muchas sonrisas incompletas, fue un buen punto final a este mes que ha sido su mejor mes productivo en este año. Verla feliz, puso un punto final bueno a este mes que no ha sido –para mí- del todo amigable.

Sé que aún le falta algo y ojalá ese "algo", alguna vez tome forma y sea parecido a eso que yo siento, a eso que un día la hizo soñar con este escribas (fue una pesadilla, lo sé). Veremos.

(…)

Ahora que estoy junto a Coco en la calle, viendo todo entre la nada, tengo la seguridad que verla feliz, (con esos ojitos llenos de lágrimas que marcan un cambio), también me hace feliz y que esos intentos fallidos de olvidarme de ella se hicieron trizas y se fueron olímpicamente al tacho.

jueves, 23 de enero de 2014

Hey, corazón


“Oye, se me acaba mi saldo. Ya, chao, chao, chao… Cuídate. Un besito”. Hasta ahora tengo retumbando en el tímpano derecho el speech de despedida que ha sido el mismo en las dos últimas veces que ella me llamó y que si terminó de decir todo ese rezo, entonces su crédito acabó con vida, casi en coma, pero respirando.

Agosto 2013 en la universidad:

- Chino: “O’e, hay que hacer grupo para Estadística, pe’”
- Yo: “Ya, pe’. Pero es de a tres y no veo candidatos para que estén en ¡mi! grupo, cholo”
-  Chino: “Sí… Mira, ella… Ella chambea conmigo”
- Yo: “¿Quién cholo? ¿Esa chica que parece sobrada?”
- Chino: “Sí, es Jennifer. Es un poco vaga, pero trabaja bajo presión…”
- Yo: “Hmmm. Pucha… Trabajar a presión, entonces. Ya, pues… Qué queda.”

Es el primer vestigio que tengo de esta chibola de 21, aunque ella –insistente- argumenta que en una situación parecida a la anterior, yo no quise que esté en el mismo grupo de Semiótica, ciclos atrás. ¡FALSO! Después, entre conversas, recordó que para ese curso, en su salón nunca estuvieron Rolo ni Lenin (compañeros de la universidad con los que formé un grupo en ese entonces) y eso echaba por tierra la supuesta choteada que me dejaba como un vil arrogante –algo que aún sospecho que cree-.

Con el transcurrir del ciclo, confirmé lo que el Chino me dijo la primera vez que hablamos de ella: que era algo vaguita, aunque Cano resultó más vago aún y este escribas con lentes: peor que ellos juntos (aunque solo por ese ciclo, ya que ellos eran una mala influencia).

Ella, despistada, casi siempre directa y algo renegona (sobre todo cuando nos sentamos al lado de parejas besuconas); me ha demostrado cómo se puede mantener a unos “pequeños aldeanos” ligeramente quietos y concentrados jugando a los taps, pintando o solo tomando néctar de durazno, todo a base de paciencia… Virtud casi inexistente cuando no está con los niños, lo que demuestra el gran ser humano que es, a pesar todo y a pesar de unos cuantos indeseables.

(…)

No sabía que en el diplomado también le habían enseñado a persuadir para lograr grandes ventas, como la de hace unas horas, pues yo, sin ánimos de adquirir plan telefónico alguno, caí redondito ante la posibilidad de tener un plan RPC. A pesar de mis sigilosos esfuerzos para decir “no”, cedí… Un éxito ella, pero es algo que ya es necesidad, pues su saldo se ve herido de muerte cada vez que hablamos. Solo hoy fueron 22 minutos de consumo, así que un plan para no ser tan usurero y poder llamar yo también, no caería mal. Aunque debo decir a mi favor que gasté los miserables 5 minutos de crédito que me alumbraban.

(…)

Dejando un poco de lado el sarcasmo tan típico en mí, ha sido bueno estar en el mismo grupo de Estadística, haber llevado el aburrido curso de Devoto (asquerosa materia) y haberle regalado un Frugos de S/.1.50 en su cumpleaños (estaba misio, pe’) porque, de alguna forma, estas situaciones fueron los primeros puntos de confianza que ambos nos tenemos y que, de mi parte al menos, agradezco, porque no siempre puedes ser “oídos y tiempo” para una voz con ganas de contar muchas cosas e irse por las ramas (cual mono), mientras las detalla y que a la vez –y sin darse cuenta- te hace más humano. Gracias por tener siempre de qué hablar, por las risas, por las pizzas, por las tonterías que solemos conversar, por los tragos, por haber sido un asilo cariñoso para un ser con manchitas (agradecer aquí también a sus papás, Emely y al buen negro), por Ari que es un dulce y gracias también, porque tengo siempre a quien corregir… Y ahora no solo en castellano, sino también en inglés. Perdón, no puedo dejar de ser irónico más de dos minutos.

Como siempre le digo, ha pasado tanto en tan poco tiempo y siempre ha salido bien que parece que hay pocas cosas que la pueden detener. Capacidad le sobra y la fuerza siempre la acompaña, al mismo estilo que Yoda (Star wars). Nunca se debe detener y jamás debe pedirle a Dios una mochila menos pesada, sino una espalda más resistente. Ha sido todo un susto, perdón, gusto, chibola.

(…)


Enero 2014: me convenzo que si hay que hacer quecos o malabares para que no esté con tristeza, pues, con gusto se hacen… Solo para que esa sonrisa, llena de gracia, nunca se le borre del rostro, corazón.



Que estés siempre bien.


*La de NSAD. Fonseca es pasable... Una de canción de One Direction ni a patadas estará por acá.

martes, 31 de diciembre de 2013

Confort y música para volar


Si hay algo que nunca trato de evitar cuando tengo algunos (casi siempre, pocos) soles en el bolsillo es comprar discos. Este año no he comprado muchos, pero el último que llegó a la colección fue el que le da nombre a este post. Meloso, pero sincero post y –ojalá- divertido. Muchos de ustedes saben que este año no ha sido gran cosa para mí, pero si ha habido canciones que han suavizado este azaroso conjunto de meses, esos temas, que no pongo aquí, pero que son indefectiblemente hits, son solo comparables con ustedes. Aquí el booklet de las canciones elegidas:

Encontrar a alguien que primero haya sido tu jefe y después se convierta en tu amigo, particularmente, ha sido un tanto difícil. Siempre he tenido cierta involuntaria distancia con mis superiores y ello se pulverizó cuando entré a Inquba. Panebra es de las personas que puede interrumpir la chamba e invitarte a tomar un café solo para escucharte si estás pasando por un terrible estado comatoso y sentenciar el diálogo con un par de risas después del lagrimeo.

Sabes que te admiro mucho. Te veo el jueves a las 9:30am (se acabaron las vacaciones, ¡oh, no!).

Gracias, Dolly

(...)

El almuerzo por mi cumpleaños hubiese quedado como una real postal trágica si no hubiese sido por alguien que salvó la tarde, los 25 y, de paso, pagó las cuentas. No lo veía un buen tiempo y el encontrarnos sí que trajo novedades positivas entre muchos apuros, pues el tiempo ese jueves en Friday’s quedó realmente corto para charlar de la vida con este tipo que hizo del “Kulikitaka” una apología muy extraña.

El camino del padre primerizo es una de las vías más difíciles, dicen por ahí. Aunque contigo, la ruta de Alejandro, casi no tendrá baches.
   
Gracias, Miguel

(...)

Después de dejar Onda Cero en el 2010, han sido contadas las veces que he visto a este radioman (ojo, no Radiomar) que, de cierta manera me indujo el gusto hacia este medio –la radio-, a la locución y reforzó la filia nata por Soda Stereo. Como apuntaba, después de ese año, nos hemos visto en pocas oportunidades, pero siempre –siempre- estaba ahí para tender la mano, con un “sí” buena onda y sin dudas.

Me da gusto que hayas despegado del suelo de “grande” para crecer mucho más aún, ahora como profesor. Siempre es bueno hablar de música con Usted y encontrarnos en conciertos, sodero.

Gracias, Javier

(...)

De todos los temas que aquí estoy tocando, este es el único que se repite en el setlist del blog. Mi negra hermosa, está demás decir lo mucho que valoro tu presencia y tu ausencia. La primera siempre para carajearme en los peores estados o cagarnos de risa y la segunda para hacerte extrañar y valorar lo acertada que eres. Ya el hecho de que conozcas a mi madre, además de haber ido dos veces a su cumpleaños, le da un plus a esta amistad tan de puta madre, borrega, casi hermana. God save la vena de tu frente. 

Gracias, Carla

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Alguna vez te comenté que no me caías y fue tan graciosa tu cara de sorpresa que aún la tengo grabada en el usb sesudo. De hecho, este año dibujó buenos detalles contigo como, solo por poner un ejemplo, llamar para saber si había practicado para el final de estadística (cosa que ni por casualidad hice). Este acto terminó de formar el buen concepto que tengo de ti, my bro. No cambies nunca.

Gracias, Claudia

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Porque tu buen corazón es solo comparable a lo despistada que eres, pero la admiración que existe por haberle dado vuelta a situaciones complejas, tiene el doble de tamaño. Además, el haber compartido cosas tan bonitas (me siento raro escribiendo esa palabra) como lo del voluntariado con los niños o las trolleadas mutuas, hacen que estés por acá. Sé que nunca te acordarás el tipo de pizza que pedí en Domino’s, así que ya puedes ir corriendo a Phantom a comprar mi CD.

Gracias por toda la confianza, por las risas y por el saldo que siempre se va conmigo. Te quiero.

Gracias, Jennifer

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No hubiera aprobado radio si no hubiese sido por ella, a quien gratamente encontré este ciclo como profesora en la universidad (no lo asimilé durante el primer mes, te juro). De hecho, me ayudaste, no a aprobar, sino a aprender y fue bien paja verte después de tiempo, porque cuando me quité de la radio, todo el contacto era por Twitter. Nunca olvidaré ese domingo en la cabina de Studio en el que conocí a La Portella ¡Muy paja!

Tráeme algo de Cusco, pe’.

Gracias, Andrea

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El disco de McCartney en vivo ha sido de las mejores cosas que me han regalado y si bien este año solo te he visto una vez, hermano, es difícil tenerte del todo lejos porque siempre el apoyo ha sido mutuo: en las muy gloriosas y en las más paupérrimas. Sabes que siempre mi casa estará abierta para ti. Sé también que la tuya estará siempre surtida con chela y que algún día de enero caeré con el CD de sir Paul para ponerlo a todo volumen, querido Álvarez.

En el 2014 nos veremos más de una vez.

Gracias, Renzo

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Si no es la risa más escandalosa de la universidad, está muy cerca de serlo. China de la vida, emo por temporadas, la más graciosa casi siempre, gracias por siempre preguntar: “O’e, ¿qué tal tu mami?”. Se valora bastante, tanto como tu apoyo y las largas conversaciones confiándonos casi todo, incluyendo cojudeces. Siempre estás ahí y eso hace que estés acá, así me tengas podrido con todo el reggae que escuchas. Ojalá nos crucemos en un salón el próximo ciclo.

Gracias, Franchesca

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El camino hacia un buen segundo semestre no se hubiese dado sin este tipo y sin la célebre frase: “Todas las chambas son por contactos”. Un maestro el amigo Rolo. Esas lateadas desde Los Naranjos hasta Parodi mostraron lo reflexivos, graciosos y un tanto rajones que podemos ser. El año que se viene es todo tuyo, cholo. Ya tienes armas para pelear y talento sobra, así que solo falta que lleguen las batallas.

Gracias, Rolando

(...)

*Bonus track:

Ahora te debes estar horneando en el calor de Miami, compañero de cervezas de viernes por la noche. Haberte quedado el día entero en la actividad que hice hace meses en casa fue el punto bisagra para saber que eres un buen tipo y tan leal como Robin a Batman. Andar de acá para allá ese sábado sí que fue matado, pero te la bancaste, querido. El próximo año ya deja de adornar tanto las palabras, pero conserva esa vibra tan particular.

Gracias, Joan

(...)

Mi mamá siempre me dice esto: “le rezo a Dios para que estés rodeado de buenas personas” y a veces me hace sentir un descarriado, pero siento que él le ha hecho caso… Gracias por ser las alas con las que abrí un buen vuelo este año (a pesar de todo), por algo esta producción es “para volar”. Cierro este 2013 con un discazo. Gran 2014.

¡Gracias… totales!


(¡Ya! Lloren todos).

sábado, 6 de abril de 2013

Vives conmigo




Esta historia es esa que nunca imaginé escribir, que habría preferido evitar, que hubiese querido que jamás pasara para no redactarla. Es de esas que plasmas porque te han dejado una huella y debes teclear para que, cuando ya haya pasado un tiempo y estés más tranquilo, recuerdes (si es que eso pasa, porque sé que te he tatuado en mi mente), que tuviste un gran pequeño ser que te alegró los días con muchos detallitos que un ser humano difícilmente te podría dar. Un ángel de cuatro patas que sabes que te vigilará desde el cielo, mi ángel llamado Camus.


Según mi madre, naciste un 16 de mayo del 2007, en aquella pequeña casa que teníamos por ese entonces. Muy humilde para albergar a 6 perros (tus papás Coco y Pepa y tus 3 hermanos), decidimos regalar a todos los cachorros, pero como siempre dije, contigo tenía –y tengo aún- una conexión especial que me impedía dejarte en otro hogar. Es por ello, que regalamos a los demás de la camada y me quedé contigo contra la voluntad de mi vieja. Asada, ella, entendió que te quería y, a pesar de todo, Coco, Pepa y tú se quedaron en la casaarrimaditos uno de otro, con cierta precariedad, pero felices.


Al poco tiempo, mi acaramelada Pepa se fue y Coco y tú, Camus, la pasaron sin madre desde ese entonces. Son muchas cosas las que hemos pasado y recordarlas duele un poco, pero también me sacan un ligera sonrisa, chibolo. Hoy es el primer sábado que no te tengo y se me hace duro no salir con dos, sino con uno, no escuchar tus tibios ladridos de alegría al decir: “¿Qué? Habla’o” o “vamos”. Eso de no ver que le muerdes las patas a Coco, jugando obviamente, me está costando asimilarlo, tanto o más que abrir los ojos y que no me estés viendo –vigilante-, y que, de repente, al terminarlos de abrir, me muevas la cola con aquella particular forma que tenías para hacerlo, con ese encanto dulce, con esa maña propia de ti. Ay, hijito, ya te extraño, ¿sabes?



Multinombre cachorro, te ajustabas a cualquier situación. Tus orejas firmes me hicieron llamarte “zorrito” (mi zorrito), tu nada agradable forma de comer, mientras te buscabas la cola para lastimarla, me hicieron bautizarte como “loco” (mi loquito), tu contextura, claramente esbelta, hizo que fueses mi “flaco” (mi flaquito). Pero, “Guardián”, te quedó a pelo.

Mi madre en el hospital, yo sin muchos ánimos y Coco en lo suyo, me hizo ver tu real y maravillosa importancia: cuando me veías llegar cansado después de mi día, fuiste el que se acercó desinteresadamente a darme un abracito. Movías tus patitas de tal forma, que no parabas hasta que te abrazaba y te tranquilizabas y de paso, tranquilizabas mi paupérrimo día, sabiendo que tenía al ser más importante de mi vida internado. Ese día de setiembre del año pasado, te miré revitalizado y como si entendieras a la perfección ese “somos pocos en casa por estos días. Tienes que cuidarla, porque es ¡tu casa! Mi amor, tienes que ser “el guardián”. Eres el más pequeño aquí, pero cuida la casa, hijito guardián”, hiciste lo que te dije hasta el día lunes que te me fuiste, así inesperadamente, corazón.

Estos días son jodidazos. Acostumbrarme a tu ausencia es un trance feo, no verte moviéndote azarosamente para saludarme cuando llegaba -con tu meneo de cuello de aquí para allá y las orejas caídas-, es ingrato. Tener en la mente esa expresión triste tuya después de haberte gritado por alguna malcriadez y enseguida, abrirte los brazos -como para un abrazo y un “discúlpame, hijo”- y verte saltar mordiéndome las manos con un cariño puro. Decirte “Tamalito, ¿‘on tás?” o “vamos” o “flaquito bello” y no ver respuesta es –puta madre- terrible. No ha pasado ni una semana y no puedo creer que ya no pueda acariciarte la frente, entre los ojos, repitiendo lo mucho que te quiero, me quiebra, pequeño.

Puedo decir, sin miedo a errar, que eres de esos amigos (amigo-hijo), que te espera, que te quiere a pesar de todo lo que involuntariamente, le haces pasar. A pesar de la pobreza y de los días en los que compartíamos mi comida, porque han habido días en los que hicimos malabares para comer los cuatro, pero a pesar de todo, corazón, así, en una situación pendejísima, siempre estábamos bien. Siempre, siempre. Y tú ahí, sin reclamar, calladito, esperando solo cariño.

Contigo he ido al veterinario más que con todos mis otros hijos juntos… Qué no has pasado, chato. Te han atropellado, te han envenenado, te han operado, te has perdido, pero tú como un roble: fuerte siempre. Cada vez que llegábamos a “San Marcos”, el doctor decía: “¿qué ha pasado ahora con mi paciente?” y al rato ya estabas comiendo el pasto de esa facultad, sano, como si nada, flaco.

Ayer, el gordo y yo fuimos a verte como cada día desde ese triste lunes, pero él, comenzó a olfatear entre la tierra por donde te encuentras. Lo más seguro es que esté sintiendo un poco de nostalgia, le hace falta su partner, su pata, ese quien le muerda las patas cariñosamente al salir, su compañero, su hijo. El renegón también te extraña, estoy seguro. Aquí te extrañamos mucho. Ya no tengo al más vivo de los dos, ya no podremos tomarnos fotos o ponerte frente al espejo para que veas lo precioso que eras –eres-, aunque ello te hiciera creer que eras otro perro y le ladraras a tu reflejo, provocándome la risa.

Ay, flaco. Podría escribir un libro y no terminaría de expresar en él, los geniales casi 6 años que pasamos, con sus altas y bajas, con sus extravíos y caminatas, con lo aprendido. Claro, cada vez que íbamos a ver a tu doc, algo más aprendía sobre ti y los de tu especie, viejito. Nunca imaginé, por ejemplo, que ustedes, tienen la temperatura más elevada que nosotros, los pseudoracionales, o que es normal que en los veranos sufran por el exceso de calor que hay en el ambiente, que, sumado a su temperatura normal, es una completa tragedia para tus congéneres, mi’jo. Gracias por las lecciones que contigo aprendí.

Hoy, a casi una semana desde que te has ido, recordé que tú fuiste al primero que encontré cuando tu padre y tú se fueron de casa, en ese diciembre del 2009. Gracias a una señora que te acogió unos días y que escuchó un aviso en la radio y –a Dios gracias- me llamó y felizmente estabas bien. No te encontrabas tan lejos de tu hogar. Lo primero que hiciste al verme fue saltar ante mi alegría.

Hoy frente a donde te dejé descansar, tuve ese flashback y lo complementé con el recuerdo de ese 1 de enero del 2010 en el que salimos ambos a buscar a tu viejo por muchos lados, sin resultados buenos, con muchos pasos dados, y con un vacío como el que hoy tengo. Te cargué mucho y nos lamentamos, también mucho. Me mirabas cuando me sentaba en el camino a pensar por Coco y te me acercabas como consolando la situación con una lamida en el brazo.

A los 19 años era un mocoso más, muy inmaduro y bastante rayado. A esa edad, te empecé a criar y he sentido que a lo largo de ese lapso en ti he conocido cierto grado de responsabilidad, al tener en mente todo lo que te hacía falta: tus vacunas, tu comida, tu ropita, tus necesidades. Te tuve en esa transición de edad que es difícil y gracias a eso ahora tengo un margen de responsabilidad no adecuado, pero aceptable. Fuiste el perro que necesité porque a Coco lo cuida más mi mamá.

El día que te operaron pasé todo el día contigo: desde que te raparon, pasando por cuando te anestesiaron y te desplomaste casi en el acto; sacando la lengua como reacción normal y yo -aterrado- esperando que acabe la intervención apenas entraste a quirófano. Ha sido la única vez que he sentido que la presión la he tenido en cero, notando el frío en pleno calor, esperando y viendo el reloj que se tornaba lentísimo. Cuando al fin salió tu doctor, me dijo que te abrigara hasta que recuperaras la temperatura. Y así fue: contigo toda la tarde, la noche y parte de la madrugada tapado con tu colcha celeste, tratando de que no te desabrigaras mientras reponías tu movimiento. Finalmente cuando ya estabas moviéndote, encima de la mesa de acero, yo estaba en mi quinto sueño y tú tratando de despertarme, chiquito.

(…)


Aún tengo en la mente que hace exactamente un mes falté a la universidad, y volvimos a San Marcos y ya no estaba tu doctor, pero sí tu larga historia clínica (un libro). Tú, envuelto en tu frazada amarilla (con la que hoy descansas) y moviéndole la cola a cuanto perro veías. La doctora que te vio te recomendó a nuestro viejo conocido “Cardial”, para tu gran corazón, además de un par de exámenes que no te pude sacar, lamentablemente. Previo a tu atención, contigo en brazos, tuve que caminar por muchas cuadras de la av. Canadá buscando efectivo en un BCP. Al encontrar un agente, no habían retiros y de nuevo a mis brazos a buscar un cajero… Cajero que encontramos, malogrado para nuestra desdicha. Nos pasamos 5 minutos dentro del cajero helado por el aire, pero tú, como si nada, hasta que después -por fin- hallamos dinero y en el camino te dejé caminar una cuadra en que hiciste de las tuyas: andando, asolapado, sin muestras de ataque, mordiste sigilosamente a un tipo que no te hizo pleito. Fue un mordisco seco y faltoso, pero que no tuvo respuesta para suerte nuestra. Las que sí tuvieron réplicas fueron las mordidas anteriores con las mismas características y con algunas bastas de pantalón rotas por la mascada solapa que soltabas, sin ladrido alguno. Un capo para el ataque, hijito querido.

Mi amor lindo. Siempre salimos 3 a pasear (Coco, tú y yo) y ahora también lo somos, solo que ahora dos físicamente y uno que cuida de nosotros desde arriba.

(…)

Después del domingo de resurrección, solo unos minutos después del término de ese día, como a las 00:15 decidiste irte, dejándonos a los que te queremos un vacío frío y doloroso. En mi desesperación quise salvarte la vida, pero no pude hacer mucho. En ese taxi entendí que contigo se fueron casi 6 años de mi vida, llenos de apuros, pero con bastante amor. Se me ha ido un pedazo de mí, de mi existencia.

Desde aquí agradezco a mis amigos que se preocuparon por ti, los que me atendieron cuando te perdiste jodiendo y jodiendo anunciando su extravío. Todo sirvió. Muchas gracias.

Ahora, chuequito, te pido disculpas por lo que te hizo falta, por algunas cosas que no pude darte y por algunas otras cosas más. Te voy a llevar siempre en el corazón y cuando ya sea mayor, mucho más que hoy, cuando tenga arrugas, tendré presente que tuve un animal que llenó parte de mi vida con alegría y que no me hacía mucho caso, pero con el que tuve un período feliz… Porque no fue un perro, es un hijo.

Siempre te voy a tener presente, pequeño devorador de carne molida y arroz. Conservaré siempre esos pelitos que te corté de la cabeza y que te quedaban geniales, (como un corte medio punk), hijito. Además, tus flores están garantizadas cada 24 horas y felizmente estamos a media cuadra de distancia para siempre ir a verte. Gracias por esperarme siempre que llegaba tarde a casa, no dormías hasta que llegaba. Cuídame desde el cielo, angelito de la guarda.

Ahora sí, cierro el post porque aquí todo se está humedeciendo, como cada día desde que ya no estás... No me olvides que yo no lo haré.


Te amo, Camus.



Atte. Tu papá

sábado, 17 de noviembre de 2012

Arena Roja

Entrar a la Plaza de Acho para algunas personas es algo tan normal como ver semanalmente un par o tres toros morir a manos de mata’ores. Para mí, no es algo común y siento que no aguantaré estar aquí por más de media hora, pero aquí estoy ya, tratando de darle una explicación a lo inexplicable, ensayando algún tipo de razón a esos puyazos que los animales reciben.


Gente de buena posición económica pulula por este sector de Lima que normalmente es pobre, aunque los últimos domingos de octubre, todos los de noviembre y los dos primeros de diciembre, se vuelve un poco adinerado. No soy un invitado ilustre aquí, es cierto, no pagué, solo accedí mostrando una credencial -un viejo documento de la “Bausate” con el cual entraba a los estadios hace unos años- y me hago pasar por un novato cronista taurino, algo que jamás en mi existencia he pensado ser, ni en broma.


Los “héroes” salen a la arena con sus muletas, una capa entre el brazo y tras de ella una espada. Acto seguido, un par de hombres montados sobre caballos vigilan la entrada del estelar: el manso y pesado toro, que mira a su futuro verdugo con indiferencia, con desánimo, lo evita. Aunque el tipo con traje de luces va en busca de la provocación del cuadrúpedo en el primer tercio, falla dos y hasta tres veces. Con algo de insistencia, el animal se muestra ya no desconectado, sino desafiante, ayudado por algunas banderillas clavadas en el morrillo, sin embargo dudo de su furia y más bien, creo que es puro instinto de defensa al ya no querer sufrir picaduras injustas en ese cuero disminuido por los golpes previos a su ingreso nada triunfal al ruedo.


Este tercio de capote, es una especie de calibrador, dado que el torero utiliza el tiempo para embravecer al animal, calcular la fuerza de una eventual embestida y para medir la bravura del citado a muerte, aunque, como vi desde el principio, este animal más que molesto, parece confundido por todo: por la gente que deja de lado sobriedad y bebe otro trago de frialdad, por los caballos disfrazados y por ese pobre ser humano que es comparado por el centenar de público como un personaje épico, digno de condecorar por poner su integridad en riesgo.


Veo a un par de novilleros, ya en el tercio de banderillas distrayendo al toro, intercalando los ataques a la bestia que parece asustada, mostrando esos cuernos previamente limados como único mecanismo de defensa y haciendo ver el contraste filoso de las espadas y banderillas con el de sus apocados cachos. Apocados, mas no del todo obsoletos.


En dicha defensa a la que apela el animal, parece reunirse la fuerza con la que miles de personas en el Perú mostraron, en una encuesta de DATUM, su total desacuerdo a estos eventos taurinos con un arrasador 68%, sobre solo un 9% que sí estaba a favor de que se continuase con este accionar que muchos consideran cobarde y otros pocos, heroico. Palabras antónimas girando alrededor de un toro armado naturalmente y una persona con armas buscando detener un corazón.


A propósito de este grupo del que hacía mención, hace unos días conversé con Juliana Óxenford, periodista y conductora de un programa en radio Capital y recordé perfectamente esta cita: “ese animal no tiene cómo defenderse, pues salgo yo y lo defiendo” y de inmediato llegaron a mi mente las diferentes protestas en pro de salvar a la especie como la que estaba viendo en la arena.

Mi mente viajó mucho en unos instantes, pero mi cuerpo, seguía ahí, viendo al actor principal en el ruedo, vestido con una indumentaria que le entalla las piernas, retando al titán cansado por divagar de aquí para allá. Le muestra el pecho desprotegido para el delirio ciego de la gente pidiendo que continúe fatigando al toro de lidia de la forma que sea. Los paseos con la capa van de un lado a otro y los “Ole” resuenan en mis tímpanos, pero no más que ese quejido que se hizo sentir más que cualquier otro sonido en el coliseo: el portentoso animal soltó un chillido atípico en este tipo de especie, dejando vacío el ruido que provocaba la algarabía de los morbosos espectadores, trayendo abajo el agrado del torero que lucía sorprendido, pues, seguramente, no había visto tal cosa en su “carrera”.


Deduzco que ese sonido entrañable y largo fue como un reclamo del herbívoro y de toda su línea de antepasados, incluyendo a los “Uros”, extintas bestias, predecesores de los toros como hoy los conocemos; en contra de la gente. Por algún momento se me cruza por la cabeza que ese estallido es como un “¿Por qué a tanta risa si me están haciendo añicos de a pocos?”. Pero, se rompe la pausa con un intento de embestida taurina y el torero decide tomar la muleta y la espada al ver que la bestia está cabizbaja y con las patas juntas después de su intento fallido de herir a su agresor. Se mantiene en la posición perfecta para insertar el puntiagudo artefacto por entre sus músculos, rompiendo primero la primera vértebra de esa columna golpeada a palazo limpio y luego penetrar, de manera inmisericorde, esa víscera que a todos nos da vida: el corazón, previo corte de la aorta, si la estocada es un “éxito”. Todo ello, con tal de obtener como recompensa a la “hazaña”, la ovación de la multitud ebria, que tiene la sensibilidad muerta por el alcohol.


El tercio de muerte ha llegado, la arena quema y el brillo de la espada rebota en los ojos del ganado solitario. Me lo imagino temiendo lo peor y me pongo por un momento en su lugar, quitándome de él en una fracción de segundo al proyectar mi doloroso y lento castigo.


Los ayudantes del torero siguen agotando al animal, toreándolo, moviéndolo de un lugar a otro, hasta que el momento llega y es momento del estoque: frente a frente, uno mirando el suelo y el otro al objetivo, uno dosificando cierta fuerza y el otro concentrando toda la energía para hacer un lance natural, uno esperando acabar con todo y el otro, como si esperara que acaben con él. Y ahí va el personaje ibérico –decidido-
mostrando furia. Aunque el instinto del verdadero valiente en ese ruedo, hace que esquive la embestida y en ese mismo acto, y seguramente sin querer, arrastre y salpique arena a gran fuerza, de manera inexplicable, llegando ésta a los ojos del torero que pierde el equilibrio por la velocidad con la que contaba y, al intentar caer bien, suelta su filosa amiga y ella se vuelve contra sí, transformándose en su enemiga, cayendo sobre ella y atravesándose la parte derecha del tórax.


Todo fue tan rápido que ni el alternante de más antigüedad, se preocupó de la bestia que siempre está en cuatro patas, sino de la que, por el infortunio, adoptaba ahora tal posición. El apuro de los ayudantes del torero por ir a auxiliarlo fue evidente, mientras que el toro, con la lengua afuera y a rajatabla, era metido a palazos, con ayuda de otro torero; era obligado a regresar al lugar donde había estado antes de salir al ruedo, a su cárcel pequeña, a su purgatorio personal.


El abucheo se hizo sentir, pues no se mató al toro –al menos no en el ruedo-. Quien acabó con una espada dentro del cuerpo, no fue la bestia, sino su eventual verdugo, el ánimo colectivo era el peor y la cerveza ya se había agotado en las tribunas. El sentir de la gente en Acho fue de estafa, porque no vieron acabado, mutilado y, menos aún, muerto al animal, no vieron sonriente a su héroe por un día, no lo vieron con las orejas y con el rabo del animal en la mano. Esa fue la sensación de esta gente y ahora comprendo al sociólogo Gabriel Calderón cuando me comentó que “una persona dentro de una multitud apoya el sentir del resto, así al principio no esté de acuerdo con la idea que se sostiene. Sin embargo, para que no se sienta presionado y/o excluido, apoya”. Y hago una intención de resaltar esa cita, pues vi gente que mientras se aminoraba al toro, no pudo evitar derramar una que otra lágrima, un llanto de pena (se notaba). Pero, fue grande mi sorpresa cuando estos mismos seres reclamaban, a gritos, por lo que llamaban “estafa”, calzando perfectamente el argumento que Calderón me expuso.


Ahora pienso en el toro, todo se torna en “slow-motion” y reflexiono para mí: “¿habrá sentido el toro algún tipo de satisfacción al ver a su atacante bañado en sangre? Sangre que pudo ser la suya”. No genero respuesta a mi autocuestionamiento, pero las palabras de Carlos Castillo, taurino y periodista deportivo, aterrizan en la pista de mi cerebro: “Si un torero no acaba con una bestia de lidia en el ruedo, debe retirarse. Es una vergüenza”. Y francamente, pienso que no solo ese torero lo es, sino que todos, en general, lo son.


Viva la vida de un animal, siempre.