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Dónde nos leen

viernes, 17 de septiembre de 2010

¡FELIZ CUMPLE!




-Parte 1




Ayer 15 me quedé con ganas de decirte que te veías muy bonita (más). Me quedé callado. Si se lo hubiese contado a mi abuela, seguro que me hubiese dicho: “¿Qué pasó hijo, te comió la lengua el ratón?”. No dije nada, pero lo pensé y lo repasé y como que me arrepentí de no habértelo dicho. Cuando reaccioné ya estábamos dando un examen de Ciencias Políticas. Too late. En respuesta a una pregunta puse: “Qué linda estuvo hoy”.


Ya son como las 2 de la madrugada y debería estar en mi décimo tercer sueño, peleándome con las sábanas; pero no tengo mucho cansancio. Mis hiperactivos dedos están inquietos, calibrando un nuevo post, en busca de una sonrisa y de un asolapado (porque estoy tan misio como el buen chavo del 8) regalo de cumpleaños.


Recuerdo que ayer me llamaste como a las 3. Estaba sentado, viendo mi consola, manejando los tiempos, pegando canciones, tomando agua; cuando de pronto, la pantalla del celular dormido dibujó tu rostro, puso tu melodía y comenzó a tiritar, cual gato mojado, una y otra vez. Eras tú. Tú que has agarrado la sana costumbre de decirme “Eduardo” y no sé por qué, pero, me gusta. Como que ese nombre tiene más presencia, es más fuerte que mi primer nombre dizque portugués (portugués de La Victoria).


Después de un buen rato hablando me dijiste: “Eduardo, ya no puedes seguir faltando a Métodos, sabes que el tío se descuadra con las faltas y no quiero que eso pase…”. Eso, con la tonalidad de voz con la que lo dijiste, sonó tan bien que dejé la radio en silencio por 5 segundos. El bache radial más sonoro de este año, tan sonoro como el grito que me dio la productora apenas colgué. No me importó, estaba feliz.


Fiorella, si calificaran por sonrisas, “Zacarías” una beca con todos los honores. Te he escrito muchas veces, tantas que creo que publicaría un libro sólo con lo que te he compuesto. Lo raro es que no has leído todo lo que he redactado. Aunque deduzco que de tanto leer, creerías que es un libro de Berlo o Fromm y te quedarías tan dormida como ayer, después de tu llamada. Hasta aquí el primer bloque. Este bloque se llamará “T”. Voy a dormir porque más tarde no me levantaré. Blog, le seguimos escribiendo más tarde, ¿sí?

-Parte 2


3:00 pm. Día 16 de Septiembre: Salí del trabajo y estoy en la biblioteca de la facultad. Mi querida biblioteca, me ha visto dormir muchas veces, pero hoy no será así. Sus asiduos tampoco me verán caerme entumecido a uno de sus fueros, sus lagartos lectores no cuchichearán esta vez por el alardeo de mis quejidos somnolientos. Hoy vengo a escribir, aunque parezca difícil de creer.


"Ha salido un sol criminal", recuerdo haber dicho. "¿Y qué esperas? Si es septiembre", alguien susurró por ahí con desparpajo. Morfeo está jugando con mis bostezos. ¡Septiembre! Cierto, mes de la primavera. Veo que nada es coincidencia porque hace 24 años nació la flor más bonita, un día miércoles y seguro tan soleado como hoy. Gracias Dios por tan buen regalo. Este obsequio que vive atado a su cámara, que ayer salió con trenzas inesperadas después de un examen, que tiene una inseparable mora azul, que tiene un canino tan adorable como lo largo que es, que siempre tiene una sonrisa que hace brillar los días (mucho más que este sol). Este regalo tiene la mirada tan directa que petrifica con su dulzura. Muchas gracias, padre hermoso, porque así nomás no ves seres tan adorables sobre esta tierra.


¡Uy! Llegó un agente inesperado. Alguien que tiene bien ganado su rótulo de “Pavrián”. Antes de cerrar abruptamente esta parte, tengo que bautizarla. Te llamarás: “Q”. Fío, te sigo escribiendo en casa. Llegó aquel carnicero que me hizo caer dos veces jugando fútbol y me cortó la viada.

-Parte 3


Ya es 17, ya debería estar plantado en el facebook, escribiéndote: “FELIZ CUMPLE” y tantas cosas más. Pero, no he terminado el post. Me alegró en cierta parte comenzar tu cumpleaños contigo, o al menos estar ahí cuando el reloj marcó las 00:00 (aunque fácil ya eran las 00:10 porque el minutero de mi celular siempre me traiciona), pese a que las circunstancias no eran las más alegres. Y sabemos por qué. Descuida que ese angelito largo mejorará y será “Puppy reloaded”. Está bien y lo más importante es que tú estés bien, y más hoy, que es especial.


Ayer 16, me sorprendió que te hayas ido tan rápido como cuando llegaste, los hechos ya los sabemos y no aparecerán aquí. Tranquila.


Espero que el regalo esté tomando forma, que al menos haya diseñado una sonrisa (al menos). Alucina que pensé invitarte al concierto de Vicentico, pero iban pasando los días y el concierto se enmarañaba, se iba borrando, hasta que desistí. Vicentico, para tu próxima visita será. Recurrí a tantas cosas para saber qué te podía regalar, pero ninguna me convenció. Hasta que dije “por qué no escribirle”. Quizás no le guste –que es lo más probable-, pero hagamos el intento. Fue así que en tres momentos diferentes con lugares distintos construí este post que es más tuyo que mío, porque yo lo escribo, pero tú lo inspiras. F.Z.N. (“M” no, porque sé que no te gusta tu segundo nombre), gracias por tanta espiritualidad, todas tus miradas y tus abrazos. Sabes que tienes residencia vitalicia en mi corazón. Esta última parte se llamará “M”, ahora tu labor es juntar las letras de cada parte del post, al más puro estilo de un programa concurso: “Lima, lifestones”.



Listo el post. Tengo una hora y media para desordenar mi cama. Espero que te guste.


¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MY FÍO!





Happy birthday, Fío.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Aún no lo creo

Debería estar leyendo, tengo sueño, tengo una pereza obsesa y grosísima, pero más tengo ganas de liberar esto que fluye y fluye, que me da vueltas en la cabeza, que me hace feliz y triste, que me hace coger una lanza e ir hacia adelante, a pelear por algo, a pelear por ella, a decirle que la quiero y a convencerla que también me quiere. Me sorprendo de lo que escribo, no soy de hablarle a los demás de amor, no soy de escribir de este “sublifinal” sentimiento.

Las confusiones siempre van vagando de un lado a otro en mí, juegan, se ríen, me estresan de vez en cuando, me joden y cuando quiero, las disuelvo riéndome, riéndome a carcajadas, riéndome hasta de lo que no debo. Esta vez hay una de ellas que va, sinuosa, fregando mi deseo, cogiéndolo de su parte más vulnerable. Esta bendita confusión me asusta.

Llamada:

- Ella: “No sé dónde estoy. Estoy entre dos grifos, con una amiga y poco dinero. Sé en qué distrito estoy parada, pero no sé cómo regresar a casa. Estoy con unas copas encima”.

- Yo: “No se nota que estés con dos o tres (o cuatro, quizás más) copas encima. Sé que estás preocupada. Voy por ti. Por las referencias que me das, sé dónde estás, sí me ubico. Espérame”.

- Ella: “No te demores, por favor”.

- Yo: “No te preocupes, tranqui, ¿ok?”.

Colgué y mi expedición empezó. Me dio pena (y mucha) ver a mis queridos “tumis” y “sarcófagos”, mirándome, apocados al saber que me desharía de ellos. Yo quedé con más pena aún, pues, junté con esmero mis monedas nuevas. En fin, valía la pena, alguien me necesitaba, era “ella”.

El viaje en taxi me puso algo tenso, pero al fin, llegué. Después de pasar por 4 benditos grifos de GNV que no le querían aceptar un billete de “Santa Rosa” al taxista salsero, llegué… y llegué odiando a las emisoras de salsa que me habían roto los oídos a trompetazos, al ritmo de Willie Colón.

Arribé al punto, se acercó, me abrazó, me estremecí. Yo, como siempre ante sus brazos, tenía una emoción desorbitada, pero no tangible. Un abrazo que se llevó un arete suyo directo al piso. Breve charla y presentación de una amiga suya –muy buena onda, por cierto- y enrumbamos a su dulce hogar sólo ambos. Caminamos dos, tres, cuatro, 10, 20 cuadras, no las conté, porque tenía que escucharla, es más, debía hacerlo, es mi obligación quedarme perplejo ante ella.

Llegamos a una céntrica avenida, bromeamos un rato, me abrazó, me abrazó y me volvió a abrazar. Yo la miraba, me perdía, confiaba en que me podía abrazar de nuevo y no me equivoqué. Adoro sus brazos entre los míos. ¿Se nota?

Paré el taxi, camioneta blanca, cómplice de la conjunción de mi hombro y su cabeza. Me perdí en sonrisas sin que ella lo notara. Mi frente se perdió entre sus cabellos, la abracé, morí unos cuantos segundos y me olvidé del latoso taxista salsero que me acompañó en el viaje para poder encontrarla y abrazarla tan fuerte como pude. Olvidé aquel taxi en ése otro vehículo que nos llevó a su casa. Al fin llegamos. 11:50 pm.

Bajé del bendito carro, idiotizado, nervioso, pero muy yo: con la mirada directa y sin dar señales de mi acalambrada felicidad. Bajé y ella hizo lo propio. Los tumis que murmuraban en mi billetera sabían que tendrían un nuevo dueño, conversaban entre ellos y los sarcófagos que querían que los siga albergando, pero se fueron y pagaron mi sonrisa vehicular.

Me dio risa verla buscar al taxista que hasta hace unos minutos aún se encontraba ahí y que hubiese seguido postrado en la pista, desafiante, si no le cancelaba la carrera. La miré, me reí y la volví a mirar. La seguí con la mirada hasta la reja que vigila las escaleras de su casa. Abrió la puerta, volteó, me miró, me sonrió, me sacudió azarosamente otra vez con sus hermosos ojos y sus labios confrontaron los míos. Estaba en el cielo, besando a un ángel, besándola. Por un momento no cerré los ojos porque no lo creía, pero después ambos caímos en el ritmo armonioso de ese beso que marcó mi año, que hizo que la noche se iluminara y que convirtió esa instantánea en el mejor momento del 2010. Fue el primero de dos, fue más infinito que el segundo, fue ligeramente más dulce que el que le siguió.

Después de un rato y con algo de confusión me pidió que la perdone. “De ¿qué?”, pregunté. No sabía, no me había hecho ningún mal, todo lo contrario, fui feliz largo rato.

“Tranquilízate”, le dije. “Hablemos un rato, sentémonos en las escaleras”.

-Yo: “¿Qué me hiciste? ¿Por qué tengo que perdonarte?”

-Ella: “Es que no lo debí hacer, no estuvo bien”.

-Yo: “Calma, pasó, ya está. No te pongas mal, que lo último que quiero es eso”

-Ella: “Sí, pero, Edson, no”

-Yo: “No ¿qué? Calma, por fa’”

-Ella: “Yo no te quiero herir”

-Yo: “No hay forma de que eso pase, yo te quiero, quiero estar contigo en un futuro. Sé que es muy pronto, pero déjame intentarlo, no me cierres la puerta. Sé que también me quieres…”

La charla prosiguió, hablamos de un tercero, hablamos de muchos cuartos y quintos, hablamos y nos abrazamos, nos caímos mientras queríamos levantarnos y de pronto otra acción que me pagó el 2010. En las nubes otra vez.

Ya en casa, nos sentamos, conversamos más de todo, conversamos menos de mucho, besaba su mano, tomaba agua, la miraba, la acariciaba, nos reíamos, veía el reloj que nunca se pudo arreglar, la escuchaba, la miraba atarantado, no lo creía (hasta ahora no lo creo). La escuché decirme que no sabía qué actitud tomaría conmigo la próxima vez que nos viésemos, algo que me puso en alerta y ciertamente triste y pensativo. Pusilánime, la abracé, besé su cabeza y vi cómo me escribía en el Messenger, aún estando a su lado. Sonreí, me miró y sonreí otra vez. Me sonrió y callé alegre.

Era tiempo de irme. Eran la 1:30 de la madrugada. Salimos y empezó a llover, la besé e intenté repetirlo, pero ya fue esquivo. Pensé y triste yo, sólo me quedó estrecharla. Eso me hizo ligeramente feliz, más aún cuando dijo que me quería. Y así nos quedamos, bajo la garúa, cerca de dos minutos. Me desaparecí de su hogar a caminar, caminar como loco, caminar bajo el agua y a despejar las dudas, a sacar cálculos, a recordar el momento más bonito del año. Caminé, pateé un par de piedras y estoy seguro de que si mis zapatillas tuviesen vida propia, me demandarían por explotarlas de tanto latear. Javier Prado y la Arequipa me vieron subir a un bus y llegar cansado a casa.

La besé, no lo creo aún. La quiero. Iré con mi lanza a hacerle la lucha a cualquiera. Ella sí vale pena, sabe que la quiero y “que por ella iría hasta la luna”, y sé que también me quiere, me quiere la chica de la eterna sonrisa y los bellos ojos.

Te quiero.

Sábado, 21 de agosto, 11:55 pm: nunca te irás de mi mente.




GOD put a smile upon your face, "F".

viernes, 19 de febrero de 2010

Así es ella


Al fin pasó todo el tormentoso remolino llamado “admisión”, con resultados favorables para este blogger (gracias a Dios). Mis dedos y cerebro libres y despejados van a la caza de una nueva entrada en este cajonzuelo virtual al que tengo un poco empolvado y desordenado. Tengo protagonista –la tengo-, también una idea de cómo construir este post, así que… empecemos.

Usualmente escribo de gente que me impresiona y esta vez no será la excepción. Es extraño porque conozco a esta persona hace mucho y poco tiempo a la vez. Da la casualidad que sé de ella hace tres años y recién en Octubre pasado –y a la fuerza- empezamos a hablarnos.

Escarbo en mis fotogramas y recuerdo haber llegado a una de esas empalagosas reuniones grupales de trabajo que nosotros solemos tener cada Jueves (o Miércoles de vez en cuando). Medio perplejo al ver tanta demostración de afecto entre unos y otros (cosa que me parece excesivamente tétrico), vi –a los lejos- a esta mujer con rostro de niña, la vi porque estaba justo al lado de la única chica con la que me hablaba, a la que saludé en el acto levantando el brazo y moviéndolo de un lado a otro, esperando una respuesta similar. Hice eso con el fin de llamar –también- la atención de mi ahora supervisora, cosa que conseguí a medias. Me acerqué de a pocos y mientras eso pasaba ambas féminas se desviaban de mi saludo rochosamente. Cuando menos pensé, ellas se habían unido al coro repelente del: “Hola, amigo” con otros individuos y yo quedé –como diría mi estimada Nelly Furtado- con las manos al aire. Ese es el primer vestigio que tengo de mi protagonista de hoy.

Neli, es una de esas personas que ni bien ves te agrada, pero a la vez, piensas, -y de manera muy prejuiciosa – que es de las que no te responderá el saludo o que (quizás) te dejará hablando solo. Craso error. Eso le pasó al fulano que está escribiendo y a muchos más –según me contó ella-, pero tienes que tratar a la Srta. Coz para saber que estás equivocado. Es muy buena onda. Ella tiene algo, no sé, algunos le dicen a ese “algo”: ángel (con una mirada un poco desafiante, pero ángel al fin).

Me ha pasado que estoy de lo más apocado por cosas enredadas, sin sentido, cuando de repente al caer en una cháchara con ella se me pasa el mal ánimo y ni cuenta me doy. “Efecto Neli” le he puesto a dicha ¿terapia? (…) Cómo olvidar eso. Ni hablar. Ese método se limita a hablar de un tema y terminar charlando de otro que nada tiene que ver con el primero. Resultado: confusión y risas.

A ella rara vez la he sentido dudar. Ella está tan segura de lo que argumenta que puede arrastrarte sutilmente en sus palabras y gestos hasta terminar por convencerte. Ella, sin querer queriendo, puede alegrarte una pusilanimidad crónica, así –sin conocerla bien-, regalándote una luminosa sonrisa, puede convertir tu día gris a uno dorado intenso. Esto no es prosa ni verso, es la pura verdad, sino, que lo diga un tal “A” o un desconocido del bus o quizás un “talibán” (con explosivos inmaduros incluidos) o yo mismo. It’s true.

A veces me he quejado de mis rebeldías de chibolo, de las limitaciones con las que me crie y jamás pensé en la “chiquititud” de los demás. Si hablamos de infancias, ninguna como la suya. Ella la ha vivido dura, de aquí para allá, con escapadas kilométricas siendo muy niña aún, con lágrimas corajudas por momentos lacerantes, lateando trechos bastante largos, con actitudes bastante cuerdas para su edad de ese entonces. Pero todo eso sirvió para moldear, darle forma a esa personalidad que la hacen una mujer con mentalidad bastante madura, una personita de 26 –casi 27- años con peculiaridad de mucho más edad, sin embargo, con fisionomía de mucho menos. Juega con las antípodas de mentalidad y apariencia sin ningún problema.

“Nelic” es mística y la vez graciosa. Gracia que se puede confundir con seriedad al abrir tanto los ojos que uno no sabe si los rasga porque está emocionada o porque con una mirada te puede decir –con sigilo- que está molesta. Así de expresiva es. Esto es tan cierto como que las segundas letras de sus nombres y apellidos son vocales (e, a, o y e). O ¿no?

Esta comunicadora con matices de psicóloga, si se lo propone –y no se queda dormida- puede llegar lejos. No la imagino en el lugar en el que está toda la vida, pero tiene que apresurarse, pues, time is not long (lo puse en inglés, y sé que va a renegar). Así que, espero que la futura líder esté solo dormida y despierte lo más rápido posible. What are you waiting for, Miss Neli? Sé que lo logrará porque nada le falta -quizás aprender a escuchar y no olvidar lo que algunos buenamente le decimos es algo en lo que flaquea, pero nada más-. Si oye con la misma atención con la que escuchamos sus dulces registros vocales, sería excelente.

Como puse arriba, no suelo escribir de gente que no me parece interesante. Siento que recurrí a entretenerme tecleando parte de su mundo. Ojalá no reciba un “2” como nota a cambio. Ahora sí te hablo a ti, Neli Coz: talento te sobra, pero de vez en cuando tienes que darte un “electroshock” para reanimar tus ganas de no estancarte. Use your talent, pretty woman.




*Algún tiempo atrás pensé en escribirle... (Sorry por el clip pixeleadazo).

jueves, 20 de agosto de 2009

Qué bonito es tener una hermana así


¿Cómo no decir que adoro a mi hermana? Ahora estoy leyendo una de nuestras tantas conversaciones por ‘messenger’ y me falta oxígeno para terminar de reírme con el chiste de “La sinfonía de amor”. (¿Cómo no te vas a acordar de esa canción, Daniela? Si en el clip sale ‘mi’ Cathy Caballero. Tener a esa modelo es poseer todas las respuestas a tus preguntas. Así de simple).

En fin. No es el tema de los NSQ y NSC por el que pienso escribir hoy, sino, de mi hermana, que si bien, no estamos unidos por sangre, estamos atados, cuales ‘mellizos de sapolio’, por un gran cariño: como el de dos, valga la redundancia, hermanos.

Hace mucho tiempo empecé a escribir esta historia pero hace unos días me di la idea para terminarla.

Tantas veces fallida la publicación de este posteo por diferentes motivos. Discúlpame, hermana. Empecé a escribirlo en hojas, en volantes, en servilletas, en papelitos, que con el paso del agua en el tormentoso movimiento de la lavadora, terminaron trozaditas y despintadas. Todo fue mi culpa por dejarlas dobladas en mi jean y olvidarlas por mi ‘amnesia juvenil’. Sé que no merezco que me ofrezcas algo la próxima vez que visite tu alimentario (y, vaya que si), hogar. No obstante, esta demora tiene un trasfondo.

Es increíble ver cómo pasa el tiempo, raudo, veloz, implacable. Cómo olvidar ese día de Agosto del 2006. Día en el que te llevé una impresentable hamburguesa -del mítico ‘Miguelón’- a tu casa, la cual recibiste muy cándida, aunque yo en el fondo me decía: “pucha, la fregué con esto. Hubiese traído algo más ‘decentón’. La ‘maté’ totalmente. Las chicas se cuidan de la grasa y esto es una oda al colesterol. Me estará odiando”. Aún así creo que te caí bien (je, je, je). Pensé en ya no regresar de lo avergonzado que estaba, pero ya ves que no fue así. Esa tarde en las banquitas al frente de tu casa fue genial, aunque por ahí tengo la idea que tu papá, indirectamente, se vengó por tí. Siempre recordaré esas pequeñas gotas que cayeron en mi zapatilla, producto del certero lanzamiento de agua que tu padre hizo hacia la pista. Por un momento grafiqué tal escena, le puse un fondo musical de película de suspenso, la hice un poco más pausada y dentro de ella escuché al buen don Ubillús decir: ‘¿A quién se le ocurre llevar una hamburguesa como regalo? A ti, nomás, zonzonete.’ De sólo pensarlo me río como un orate.

Es muy emotivo tener una hermana que, por 18 años, no supe que existía pero que tengo hace tres, por casualidades del juguetón destino, al que le estoy agradecido, en serio, barranquillera.

¿Habrá alguien confundido la hermandad? Hace unos días escuchaba, regresando del Icpna, un programa de radio (qué raro en mí), y Jesús con Renato –los conductores- se empecinaban en decir que no hay amistad cien por ciento sincera entre un ‘pata’ y una chica, porque siempre uno se fija en el otro, generalmente el hombre, y este camufla su verdadera intención en la amistad. Bueno, a mí no me ha pasado, por eso, ni bien acabó el programa, le mandé un sms al primer mencionado diciéndole: ‘Si crees que es imposible encontrar a alguien así, pues, Jesús, yo soy un sui géneris. Yo si tengo una verdadera amiga, casi hermana. Si llamaba al programa, te mataba el tema. Da gracias que no lo hice”. El punto es que creo que si existen los que no son maliciosos, como muestra, un botón: yo.

Partes desteñidas con Danicitas: El segmento medio despintado se daba cuando habían períodos en los que no nos hablábamos y en los que me sentía más solo que Adán en el día de la madre, porque no tenía a mi partner al lado. No sé por qué nos dejamos de hablar. Creí que ya no querías saber de mí. Que lo de ‘brothers forever’ fue algo del momento, efímero. En realidad, no quiero acordarme de eso. Debe ser parte de lo ‘voladita’ que a veces eres. Ojo: ‘Voladita’, como diría un grupo chichero: ‘con cariño’.

Hermana, recuerdo que para tu cumple del 2008 llegué tardísimo, pero igual, estuve ahí y lo hice porque quería verte, puesto que no supe de ti un buen tiempo y durante ese largo conjunto de meses no tuve oídos que me escucharan ni palabras que me hicieran sentir mejor ante algo negativo que me haya pasado. Ese día fue lo máximo, aunque no me guardaste tequila. Ya para otra vez será. Pobre de ti que te olvides Esperaré con mucha paciencia mi botella llena de alcohol ‘derritehígado’ mexicano.

Después de ese día de Marzo, pasó un buen tiempo sin saber de mi ‘sangre’, pasaron muchas cosas. Conocí a mucha gente, dentro de ese grupo estaba la chica ‘capicúa’, que para bien o para mal -no sé-, hizo que nos juntemos de nuevo. Ese capítulo, por más negruzco que haya sido, sirvió para renovar la amistad, lo aprovechamos para ser más amigos, para tener al hermano al lado. Dicen que de lo malo tienes que extraer lo bueno, entonces, de cierta forma, recuperé a mi hermana querida, a través de una persona que no esperé.

Hoy te escribo porque creo tener tu total confianza -para ayudarte en tus líos- y disponibilidad -sé que tu me ayudarás a resolver cualquier problema que tenga sin precisar situación alguna-, por eso te agradezco, hermana. Sé que tengo una confidente sincera y 'buenagentosa' de por vida.

Gracias por todo. De verdad. Estoy seguro de que siempre tendré un gran soporte en mi hermanita menor, mi ‘despeinada’, mi ‘danicitas’, mi ‘dani-dani’ o simplemente mi ‘manita ratona’.

Gracias por ser mi mejor amiga. Te Quiero Mucho, hermana. Como te dije el Martes: si hubiese tenido una hermana de padre y madre, me hubiese gustado que seas tú. Aunque, pensándolo mejor, si bien no nacimos del mismo útero, para mí eres la camarada, la hermana que siempre quise y eso me alegra tremendamente. Gracias por ofrecerme tu amistad, estoy en deuda contigo, hermanita.

La idea de hacer este post y culminarlo justo en esta jornada, es porque un día como hoy, hace tres años, conocí a una de las personas que más valoro y que puede contar conmigo para todo. Es recíproco. I know it. Querida Danialexa parte 3, recuerda que somos hermanos por siempre y hasta el final de los tiempos. Gracias por las risas y el cariño, mi angelito despeinado.




*Shakira y Gustavo. Algún buen gusto debía tener la colombiana: Soda Stereo. Enjoy, manita.

lunes, 3 de agosto de 2009

Crimen


Ayer llegué de mi trabajo cansadísimo, sin ganas de hacer cosa alguna, tenía que ‘restregar’ acuáticamente (bañar), a mi bullero hijo ‘Camus’, pero prendí la compu y me sumergí un rato en la Internet. Chequear el ‘Facebook’, ver el ‘Twitter’, entrar como desconectado al ‘Messenger’ para ver si había alguien interesante y charlar, pero no, nadie importante habitaba en la caja social adornada por dos peones, así que salí de él tan rápido como un estornudo. Cerré también las páginas plagadas de gente que adora las fotos. Poseritos, como yo.

A estas alturas ya me había olvidado totalmente de la ducha que debía darle a mi ‘hijo’ y me eché a mi lecho, poniendo la almohada encima de mi cabeza para poder entrar en el mundo de Morfeo de la manera más rápida. Dicho personaje ya me estaba jalando con soga a su orbe, cuando un ruido seguido del temblor en mi cama evitaron mi total caída al mundo del sueño: mensaje de texto de “K.R.” (léase el segundo post: ‘Encuentro inesperado’), con los ojos casi cerrados vi que decía lo siguiente:

- “Eds, ¿hay que salir más tarde? Ya hice todo lo que tenía que hacer y estoy aburrida. Me respondes cualquier cosa. Cuídate”

Tuve que cortar la cuerda de Morfeo con mucho desgano, pues aunque me la somnolencia me ganaba, yo también quería verla, mejor dicho, ese ser que creyó haberla olvidado, ese camotudo enamoradizo, quería verla, así que le respondí casi enseguida:

- “Ya, pues. Me estaba quedando dormido, pero prefiero que el aire frío me golpee en el rostro y divertirme un rato. Parque Kennedy a las 7:00 pm. Ahí te veo. Un beso.”

Creí haber salido temprano de mi casa, pero tenía una hora para estar allá. Llegué a la avenida principal y vi el horroroso tráfico que reinaba. Así que decidí caminar hasta ver la vía un poco despejada y poder tomar el carro que me llevaría hasta Miraflores. Me la pasé caminando todo 28 de Julio y nunca hallé, al menos, un tramo despejado. Habiendo pasado 20 minutos y escuchando ‘Ciudad de la furia’ de Soda Stereo llegué a la av. Arequipa que, por suerte, estaba algo deshabitada. Un contraste raro con la otra arteria.

Me embarqué en la primera couster que se estacionó, porque sólo tenía 40 minutos y detesto ser impuntual, -aunque muchas veces peco de ello- así que, cual ahogado salté hacia mi salvavidas, aunque por las dimensiones del vehículo, debería decir flotador.

Tras escuchar canciones de Cerati, Queen, The Police y Nirvana llegué a Pardo, antes de lo previsto: 6:55 pm. Di vueltas y más vueltas porque la que se decía puntual resultó ser su antónimo. Hasta que después de hacer hora por Diagonal la sorprendí yendo hacia el punto de encuentro. Creo que después de semana y media la veía, realmente ya no llevo la cuenta de los días que no nos vemos, es decir, nada es como antes y así quedará.

Después de andar por esos sinuosos caminos de la Arequipa decidimos ir al Óvalo Gutiérrez. Conversando de lo mejor, haciéndonos bromas, discutiendo por el verdadero de significado de ‘catarsis’. Ella me decía: ‘Esa palabra significa hablar’ – ‘Oye, esa palabra significa hacer un desfogue, botar todo lo malo mediante esa práctica. Eso es catarsis’, argüí con determinación. ‘Pero mi jefe me ha dicho que es hablar, conversar’, terqueó ella. ‘Bueno, pobres sus oyentes que viven engañados con palabras que él no sabe emplear y las dice sólo para que su ‘floro’ suene bonito. Qué huachafo es tu jefe’, sentencié. No le quedó otra que reírse.

Realmente estaba muy cansado pero tenía buenos ánimos a pesar de eso, así que enrumbamos por un jirón tranquilo, típico de las rondas de Miraflores, cuando la huaca ‘Pucllana’ se instaló frente a nosotros sin darnos cuenta, o debo decir, nosotros nos situamos frente a ella. Quería llegar al óvalo lo más rápido posible para sentarme y relajarme, entre palabras incongruentes y risas me preguntó:

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Para esto, debo poner los siguiente: Días previos a eso, me habló sobre un insufrible al que ella casi le hace caso, pero, al final no pasó nada. Acto seguido me comentó que estaba en planes con otro. Me dejó pensando, pues, lo que pasó en el primer acto había sido hace dos semanas y lo del segundo hace tres. No encajaba. O sea ¿En tres semanas casi está con alguien y en ese mismo lapso estaba en planes con otro? Yo estaba confundido. Adopté ese estado para no pensar lo peor de ella. Lo que le dije por Chat fue: ‘Con esa actitud das mucho que pensar. Piensa antes de hacer las cosas’.
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- ¿Por qué hace unos días me dijiste lo que me dijiste?
-¿Qué te dije? No me acuerdo.
- Me hiciste sentir como una cualquiera por tu comentario, me hizo mal.
- Ah, claro. Bueno, yo te dije lo que pensaba. Tú solita me dijiste como habían pasado las cosas, mencionaste el tiempo y calculaste pésimo. Como te dije ese día, piensa mejor antes de hacer o decir algo. Interpretaste mal, igual, sorry.
- Bueno, dejémoslo ahí.
- Ahora que recuerdo, tú me dijiste que tenías de decirme algo.
- Ah, sí. Te iba a preguntar ¿por qué soy tan bonita?
- Ja, ja, ja. Eres una payasa egocéntrica.

Ya en Angamos me mencionó al segundo actor de reparto en la breve novela escrita arriba: Un veterinario con plata. Díjome que el día que la planté (según ella y no recurdo cuando), había salido con este casi treintañero y que se dieron el beso del año, el ósculo perfecto, la pegada adorable. Y que le iba bien con él, contando con los dedos los días desde aquel intercambio de saliva. Datas que no llegaban ni a 6 dando a entender que habían empezado una relación.

Yo, de lo risueño que estaba, quedé gélido, frío. Una mezcla de sensaciones tristes y negativas reinó rápidamente dentro de mí. En ese momento era el tipo más lúgubre de Lima. Lo único que atiné a decir fue: ‘Ah, chévere’, que más que palabras, fueron chapurreos.

Mi actitud, obviamente, no era la misma, y mientras ella se detuvo a llamar a su casa, me puse a pensar:

“A ver, esta tipita sabe que me gusta, que la quiero, no como antes, pero la remanencia que queda aún, es importante. Que haría cosas que estuvieran a mi alcance por ella. Lo sabe muy bien y me viene de buenas a primeras a decirme esto como si nada. Una de dos, quiere ver cómo soporto todo lo que me despotrica o quiere ver mi reacción. Ni hablar, puedo hacerlo pero no frente a ella, me está jugando sucio y no le voy a dar el gusto que me vea mal, porque eso es lo que quiere. Ni cagando. Busco cualquier excusa, me largo y hasta acá nomás ‘K.R.’”

Mientras pensaba, ella me hablaba excitada y yo sólo daba palabras monosilábicas, para hacer sentir mi indiferencia ante su dicción. Cuando me cuestionó si me pasaba algo le dije: ‘No pasa nada, más bien, no quiero alejarme mucho de la Arequipa porque no me quiero ir tarde. A las 8 me voy y ya me quedan 20 minutos’.

‘Mejor hay que sentarnos’, she said. ‘¿De verdad no te pasa nada? Siento que dije algo que no gustó’, replicó.

Y volví a insistirle que no algo fatigado, y es algo raro, porque cuando alguien me fastidia por algo se lo digo en la cara, a veces creo que exagero, pero con ella me enmudezco totalmente. Esta mujer ha llegado a manipular mis emociones a su antojo, aún sin saberlo. Yo mismo me sorprendo por ello.

A esa altura, ya sentía toda palabra suya como ataque y empecé a defenderme: ‘Si tuviera algo tampoco te lo diría porque tú y yo no somos nada’.

Creo que se me pasó la mano con eso, pero fue producto del momento, me sentía mal y ahora sí, quería olvidarme de todo. En ese momento musitó: ‘Hay una atmósfera negra acá’. ‘Si así lo crees, qué puedo hacer, creo que mejor me voy. Tengo que ir a 'Phantom' a ver si ya salió el nuevo disco de Cerati’, le contesté con algo de cólera, pena y como dándole a entender que me importaba más el cd que su putañera unión. Me despedí y me fui raudo. Apenas me paré me sentí aliviado, pero triste, mi mente estaba intranquila y mi corazón hecho puré. Un trapeador tenía más presencia que yo. Caminando como desaforado, pensando y pensando, llegué a Angamos con la Arequipa, dudé en ir a ver el disco y compré una cajetilla de cigarros, los cuales desaparecí en 20 minutos de larga caminata. Saqué las siguientes conclusiones de tanto atormentar mis sesos:

- Ella ya está con un huevón (palabra típica del frustrado picón), yo no quiero estar como un espectador de su felicidad. No quiero hacer el ridículo. Así que adiós a todo contacto con ella. A la mierda.

- No tengo idea de por qué se me ha metido tanto en este órgano que late, nunca me ha dado ninguna satisfacción. Soy un idiota. Ella quedará como la chica con la que nunca pude estar y eso no me afecta mucho porque a fin de cuentas, así seas muy fachoso, o lo que sea, siempre hay alguien que te dice que no. Alguien que siempre te deja pensando en por qué demonios no te hace caso.

- Siempre me habló de patas con plata ¿No me habrá hecho caso por ser un misiazo operador de radio? - La palabra ‘interés’ me retumbó los oídos.

Había caminado tanto que ya estaba en Risso, tomé el primer carro que pude y entre las mismas canciones que había escuchado para ir al encuentro de ella salió una espontánea lágrima. Me sentía mal, sí, pero no se me cruzó por la mente llorar, aunque seguro fue una reacción natural del pusilánime yo que habita con asiduidad en mí.

Llegué a casa, apagué el celular, prendí a ‘la negra’ (mi láptop), y me puse a ver videos graciosos que más que risa me pusieron algo depre porque la página me la pasó ella. Después de un rato me acordé de eso. En ese momento, más que nunca, quería que el buen Morfeo, me lleve al mundo de las posibilidades, pero no tenía un irrisorio gramo de sueño. Quería hablar con mi hermana, quería gaseosa, quería algo para sentirme bien, pero sólo hallé una diazepam la cual me hizo dormir hasta hoy, Domingo, día en el que no tengo mucho trabajo, así que escribí esto para hacer eso que me hace acordar a ella: Catarsis.

The last chapter about “K.R.”



*Otro crimen quedó sin resolver.

lunes, 15 de junio de 2009

Tips para no matar una amistad alicaída


Estas últimas semanas he tenido rencillas de todo tipo: en fiestas, por chat, familiares, y en ‘salidas’. Me he sentido un pelagatos confundido por no saber qué diablos hacer ante tales lúgubres atmósferas, de las cuales tuve –lo admito- la culpa en algunas y en otras siento que me vieron la cara de tarado. La más reciente de mis amargas desventuras sucedió hace casi dos semanas. Justo para el cumpleaños de mi abuela, algo como para no olvidar, tomar en cuenta y llevarlo como un precedente para que no se repita. Quizás, para el que lea esto, será de lo más tonto, extraño y hasta irrelevante. Qué más da. Es por el noble fin de dispensarme ante una persona invalorable que no quiero perder. Así es, desde este pequeño cajonzuelo de internet, quiero volver a pedirte –y espero leas este sentido texto con mucha atención-, las disculpas que hace días me diste de ‘la boca hacia fuera’, pero que no compatibilizaron con las que son las reales: las que se dan de corazón.

Ante lo que he vivido en estos recientes grupos de 24 horas, tengo que marcar unos puntos para –como dice el título- no matar una amistad alicaída:

- ESCUCHAR CON ATENCIÓN Y NO INTERRUMPIR.

Las personas por ‘default’ siempre tendrán problemas. Eso es algo comprensible e irremediable. Por dichas desavenencias suelen recurrir a algún personaje foráneo a su círculo familiar, alguien a quien ellos condecoran como “confidente” y que debe estar ‘ahí’, listo para aconsejar, tratar de hacer sentir mejor al individuo pusilánime y, sobretodo, poner los 5.sentidos en el desfogue emocional de su acompañante cuando esté listo(a) a exponerlos. Esto último es básico. La atención debe ser suprema, así como también la mirada a los ojos y el mejor estado analítico posible para no dar ‘soluciones’ tiradas de los cabellos, como por ejemplo:

-“Fulanito, tengo problemas con mi novio. Yo sé que tú me puedes ayudar porque también has pasado por problemas similares con la tuya. Él dice que mis padres no lo pasan y que escoja entre él o ellos. ¿Qué puedo hacer?”

-“Ya pues, fácil, Sutanita, manda al diablo a tus padres porque a quien realmente amas es a Menganito. Olvida a tus odiosos viejos y vive tu vida”.

Como se lee, un amigo de lo más acéfalo y facilista. Para agarrarlo a ‘jab’ limpio, al puro estilo de Kinita Malpartida.

Yendo más allá, puedo decir esto por una experiencia particular: Ay del que suelta una gracia inoportuna o del que interrumpe contínuamente el relato o, peor aún, del que intempestivamente tiene que cancelar la plática por ir a hacer otros asuntos. La persona apocada se sentirá peor y abrirá la posibilidad de suplantar a su –dizque- “buen amigo”, así que si quieres mantener una amistad sólida dale toda tu concentración posible a ese ser que, sabes, siempre estará para ti cuando lo necesites.

* Prometo no volver a interrumpirte jamás. Lo juro, por Dios y por la patria.


- NO PREOCUPARSE POR LA DISTANCIA. SI SON VERDADEROS AMIGOS, ESO NO IMPORTARÁ.

Pienso que este punto podría leerse un poco contradictorio, porque sonaría más como para una pareja, pero en una relación amical también es fundamental. Así uno viva en ‘Pro’ y el otro en ‘Lurín’, siempre -dejando de lado algún otro compromiso- harán un pequeño espacio en su rutina para poder verse y departir esos momentos agradables, recordar anécdotas y reírse, no sé, de algún enfrentamiento pasado entre ambos, que, evidentemente no trajo ningún rencor arrastrado, sino, no estuviesen uno frente al otro. Eso debe mantenerse. Que la distancia les importe un sorete. Que la amistad no quede soterrada por nada.

* Si es que seguimos siendo amigos, cuando te canses y no tengas como ir a tu casa, prometo imitar a algún cuadrúpedo y llevarte sobre mi lomo, asi esto me mande al hospital un par de semanas. Pero lo haré. Todo es poco si no consigo que seas mi ‘pata’ nuevamente.


- NO PERDER CONTACTO POR NADA DEL MUNDO.

Va de la mano con el punto anterior, creo yo. Ahora en estos tiempos tan agitados, abiertos y por demás ‘telecomunicativos’, es un pronunciado pecado olvidarte de un amigo. No hay excusa alguna. Ellas se quedaron estáticas en el pasado. Antes no había ‘messenger’ alguno, ni páginas sociales, ni ‘Skype’, ni mensajes de texto, ni promociones de minutos libres en los móviles, cosas que ahora –Gracias a Dios- vemos seguido y que nos ayudan a estar enterados de la vida de esa persona que conocimos y que ganó nuestra confianza. Así que dejémonos de pendejadas y no seamos ingratos que por eso, si se pierde un amigo.

* Trato de no hacerlo, pero el saldo me traiciona y el dinero, a manera de Judas Iscariote, también, y por ende no tengo forma de llamarte y decirte un ‘Hola, ¿cómo estás?’. Discúlpame por ser tan misio. Aunque seguido te mandaba ‘sms’. Eso me salva (un poquito, al menos).


- SIEMPRE PREOCUPARSE POR SUS SERES CERCANOS.

Nunca estará demás hacer un par de preguntas sobre cómo están sus padres, sus hermanos, la nana y hasta las mascotas. Sí! hasta esas adorables bestias que un día te hicieron pasar un mal rato meándote la basta de los pantalones. Pregunta por ellos y muéstrate tierno asi aún tengas ese tufillo revanchista contra tan ‘tierno’ animal (…) Si quieres que esa amistad en estado vegetal reaccione nuevamente, pregunta cómo van las cosas en casa, cómo puedes ayudar ante algo negativo o cómo hacer para que la relación familiar se fortalezca. Eso mostrará interés. Eso hará –subliminalmente y asi no lo desees- que ya seas parte de su familia. Eso, si es que pasas por un ocaso amical, hará la función de ‘electroshock’ para revivir a un moribundo. Un amigo siempre cuestiona para buscar soluciones ante una disyuntiva. Siempre.

*Aquí, creo, que la libro, porque siempre estoy al pendiente de tu ambiente familiar.


- DE VEZ EN CUANDO, UN PRESENTE NO ESTARÍA MAL.

Esto implicaría, o mejor dicho, tendría como personajes a un hombre y una mujer, puesto que si fuesen del mismo sexo traería suspicacias. Entre hombres lo más típico es la ‘perdición alcohólica’ y eso perdurará por los siglos de los siglos, amén. Lo de los detalles más se ve entre géneros opuestos. Es saludable hacer un pequeño donativo, cualquier cosa que diga mucho de su amistad, que renueve ese lazo. Con ello siempre quedarás bien y de alguna forma, conminarás a la otra persona a hacer lo mismo. Hecho que no tendría por qué verse como ‘material’, sino, como algo que tendría un efecto sazonador en su amistad.

* Gracias por la muñequera que me regalaste hace exactamente un año, un mes, tres semanas y 6 datas. Nunca me la he sacado y no pienso hacerlo jamás. Ese apagado día vi la tuya y fue demasiado bueno. Ojalá la conserves, más allá de lo que pasó, porque es un símbolo de fraternidad entre ambos. Espero verla de nuevo, ojalá que sí.


- ESPORÁDICAMENTE DECIRLE CUANTO LO(A) ESTIMAS O QUIERES.

- Recuerdo que hace tiempo me dijo un amigo: “Chato, no es mariconada, pero te quiero mucho, brother”. En otra época, toda esa frase hubiese significado una rosquetada total. Y creo que hasta ahora generaría algo de prejuicio, peor aún si viene de hombres. Hay que recordar que expresar una frase similar a la escrita hace un rato (‘enantitos’), ya no es exclusividad de los ‘empalagosos pares’. No hay que censurar a los hombres que se lo dicen a otros. Lo mismo para las mujeres.

Siempre es saludable recordarle a un verdadero amigo -a ese que está dispuesto a regalar su sangre si ve que te estás muriendo- que lo estimas y más si las cosas no van bien. Un abrazo sincero, que actúe como paliativo, no estaría mal, y si a eso le añades un pasaje anecdótico y gracioso, que viviste a su lado, el renacer de esa camaradería, está garantizado.

*Cómo es la vida de cambiante. Yo no solía expresarle cariño a nadie. Ni siquiera a mis seres más cercanos, a excepción de mi Madre, y ahora, gracias a un gran aporte tuyo suelo decirle a mis amigos (que son menos de diez), que los quiero.
Tú sabes cuánto te aprecio, así que está demás plasmarlo aquí. Sé que tú también me quieres (es que soy adorable, pues, ja, ja, ja). Hago votos para que esa reciprocidad continúe hasta el fin de los tiempos. En serio.

(…)

Estos, de hecho, no son todos los tips. Tampoco creo que sean los mejores. Son los que fui descubriendo a partir de Marzo del 2008 y están dirigidos sólo a los buenos amigos. O sea, no son para cualquiera.

**De verdad me siento muy triste. He tenido que dejar de lado la concentración que le pongo a otras cosas y tratar de ingeniármelas en hacer algo que, espero, te guste. Todo sea porque nuestra amistad no se vaya a pique, que no tome ese negro sendero del olvido y llegue a morir. Eso me deprimiría terriblemente. Sé que hice mal; que mi falta fue más grave que la tuya (bueno, si es que la cometiste); que aunque me lo niegues, te fuiste mortificada, por eso me arrepiento tan igual como cuando le hice una espantosa jugarreta a mi madre hace muchos años. El caso es que ya no soy un mocoso, ahora soy un hombre (o una imitación, lo mismo da), y me afecta más. Espero me absuelvas.

Una persona como tú, si, como TÚ, -porque sabes que me estoy refiriendo a ti- no se encuentra así nomás, no eres cualquiera, eres especial. Por eso, aguardo que todo esto pase, y reírnos como siempre de las ‘huevadas’ que nos pasan. Desde aquí, todo mi cariño y mis sinceras disculpas, ojalá tengan respuesta, sino, muchas gracias por todo, siempre recordaré ese día en el que derramaste la gaseosa en ‘Mc Donalds’ y el carterazo que me metiste ese día ‘de miércoles’, según tú, de forma casual.

Recuerda que Te Quiero Muchísimo, a pesar de todo, mi partner. Gomenazai.





*Gracias por este temazo de Fanny Lu. Arigatou Srta. Latin pop.

sábado, 9 de mayo de 2009

Capicúa


Estoy relax, pensando en “ASZ” o mejor dicho, en qué escribiré sobre tal personaje. Ella, si, usted, estará algo reflexiva, maquinando o dándose ideas sobre lo que voy a poner, aunque me diga que no, sé que si. No se preocupe, no es nada grave.

Espero que no se moleste, señorita capicúa; espero que al leer este post, no me tire –virtualmente- una lanza enfurecida directo al corazón; espero que después de esto sigamos revueltos en ese único y dulce fin que ambos deseamos: Ser músicos, y de los buenos. Espero eso.

Para darle forma a este texto tuve que hacer una introspectiva en la bitácora de mis pensamientos. Me obligué a husmear en los historiales de conversación del "messenger" además de exhumar los bonitos mensajes de texto que aún, pese al tiempo lacerante, conservo. Y créame que me sentí en esos días de Octubre. Días preciosos. Me sentí volar por unos momentos con ese ícono "wow" que ambos conocemos a la perfección y que ahora no tiene el mismo valor que en aquellos mentados días del mes morado. O sea, que ese vuelo no duró ni 5 segundos y por ende me dolió la caída de narices desde tremenda altura. Believe me.

Yo le aconsejaría que tenga consigo algo de galletas, un poco de agua o gaseosa, o quizás chicha, pero no martini, porque podría quedarse dormida en el trayecto sin terminar de leer esto. Por favor, tiene llegar lúcida al punto final. Ojalá disfrute este posteo con esos suavizantes. Siéntese, póngase cómoda, rechine los huesos de las manos, relájese y de verdad, espero sacarle una sonrisa. En serio. De veritas, como diría usted.

Recuerdo haber paseado innumerables veces por esta página que prostituye el significado de amigo, llamada “Hi5”. Sin mucho que hacer, me puse a chequear la cuenta de mi hermana y vi a una persona llamativa, sonriente, con una mano bajo la barbilla y unos ojos grandes y candorosos, obviamente era usted; señorita capicúa ¿Quién más? Me llamó la atención y decidí entrar a su cuenta pero choqué contra un muro áspero y traicionero porque su página tenía una restricción de acceso. Recuerdo haberme flagelado contra la mesa después del quinto intento fallido.

Algo temeroso, decidí consultarle a Daniela (mi hermana) por algunos datos suyos, por su forma de ver el mundo, por ver cómo podía tomar una invitación de “amigo” a la cuenta social que antes mencioné, por ver cómo podía llegar a ser su conocido, en resumen, por saber cómo era esa persona que me impactó en una.

Me acuerdo que todo eso pasó de una manera rápida y alegre para mí. Cuando me di cuenta ya estaba agregada en mi caja colectiva-social (messenger). Fue un 12 de Septiembre y al verla como “no disponible” decidí no molestar, pero algo irrumpió mi silencio: mi hermana, quien me dijo que usted hizo el siguiente reclamo: “¿para qué me agrega si no me va a hablar?”. Yo me quedé con mi expresión de sorpresa. Algo así: ojos abiertos, cejas arqueadas, boca en círculo y respiración lenta. Muy estúpida mi actitud de sorprendido, lo sé. Medio confundido, solté un cohibido “hola” que fue el opening de toda esta historia. Luego de muchos días de charlas digitalmente divertidas decidí que ellas se conviertan en algo personal y así fue que la invité a tomar un café junto a mi pariente de cariño. Todo se dio como esperé. Uds. Si podían y ese 7 de Octubre fue Martes, en ese entonces, mi sagrado día de descanso. Yo estaba feliz, feliz.

Llegó el día y yo –sinceramente- estaba algo nervioso, pero un mañanero mensaje de texto calmó mi inquieta tensión. Fue una voz de aliento ante algo que estaba por pasar: una pequeña operación a mi “hija” Mapi. Ya no estaba nervioso, ni feliz. Estaba que saltaba en un pie. Totalmente aliviado y no existió ninguna reprimenda de mi abuelo que me haya podido detener.

Hice que la mañana pase rápidamente y tomé el carro que me llevaría a Plaza San Miguel. Sin regateos de por medio, pagué lo que indicaba la tarifa. Sin chistar, niño. Pague nomás. El lugar y la hora detalladamente indicados fueron: Zugatti a las 3 de la tarde. Yo llegué a eso de las 2:50 pm. Pero no vi a nadie conocido hasta las 3:10 (y luego la gente dice que la “Hora Cabana” ya desapareció).

Ya estaba jalándome los rizos por la espera y decidí caminar por ahí para ver si me cruzaba con las dos chicas citadas. Creo que no di ni dos pasos, volteé hacia una especie de puente que está contiguo a la heladería y vi a lo lejos dos féminas. Ambas con lentes, una lacia y otra rizada, tomadas del brazo entre si, ambas con jean y riéndose tranquilamente. Por un momento pensé: “¿Tan mal me he vestido que ya comenzaron con el concierto de risas?” Sólo con unos metros de distancia pude ver claramente a esa chica que las fotos me mostraron y esas risas que las charlas estáticas me dibujaron. Te vi como hasta ahora te recuerdo: con las manos juntas pegadas al mentón, con el cuello encogido por perfeccionar la descripción anterior, risueña, de mirada profunda y cálida y un cabello negro, lacio y hasta los hombros.

“Qué bonita”, inquirí mentalmente. Idiotizado (y vaya que si. Espero no haber sido tan evidente), tuve que reaccionar en el acto para poder saludar. Es así como caminamos los tres y fuimos a tomar un café y empezamos ese bonito día. Aunque lo de café, quedó sólo en palabras, puesto que no te gustaba tal bebida, así que un chocolate caliente con avellanas fue la mejor opción. Creo que fue la mejor propuesta que hice en años. Dos chocolates y un café, fue el pedido que no nos duró ni una hora, pero por el cual estuvimos cerca de cuatro de ellas en amena plática ante la amarga, desafiante y feroz mirada de las meseras que querían arrojarnos, cuales piedras al mar, fuera del local. Pese a eso me reí mucho. Jamás me había vacilado tanto en ese año y sobretodo, gratis.

Luego de escuchar los farfullos venenosos de los que nos atendían y ya con un invitado más –mi buen amigo, Gino-, salimos a ver lo que nos ofrecía dicho centro comercial. Recuerdo que fuimos a ver discos y –para mi desgracia- no había ninguno de Maná, ni siquiera en los que estaban de oferta, ni por casualidad, ni por error. Nada. Cosa que provocó, más aún, su risa ganadora, pues abundaban los cd’s de “Queen” y los de mi banda favorita estaban censurados. Hasta los del Grupo 5 pululaban cachosamente entre las más grandes bandas. Me sentí pisoteado musicalmente, Miss Capicúa.

Después de ello, salimos por el lugar equivocado y fuimos a dar a una pileta. Recuerdo haber hecho una broma referida a ella y mi celular y usted rió más que en toda la noche. El chiste fue pésimo pero me alegró su risa, en fin, todo es válido con tal de hacer reír. Luego fue tiempo de ir a casa. Nos embalamos con cinta adhesiva y cada uno a su hogar. Recuerdo que me salvó dos veces en el paradero, pues estuve a escasos metros de ser molido por custers asesinas. Recuérdeme, cuando la vea, que le debo veinte céntimos, porque mucho no se iba a perder.

La charla hasta Grau fue muy buena, hasta que tuve que bajarme del carro con una pena grandísima, pero un estrujón de brazos aplacó mi mala sensación, aunque esta hubiese podido perdurar si veía como me saqué el ancho por un bache traidor que me encontró desprevenido al bajar de la movilidad. Me salvé del roche, aunque no de la risa del cobrador, que si vio como me desparramé.

4 días después nos volvimos a ver, y la invitación no fue mía, sino suya. Ante tal acto yo babeé de la emoción. Yo era un ícono. ¿Qué icono?, era una carita feliz. Aunque no contaba que ese día se presentaría un cambio de sede previo y una amiga suya, que, cual cancerbera, estaba ahí, vigilando, viendo el mínimo detalle como para lanzarme del mirador de Larcomar, sitio a donde finalmente arribamos. Fue muy divertido. Desde el mocoso que odiosamente trataba de jugar con nuestras emociones para comprarle una “Fruna” hasta todo lo que caminamos por Larco y la Arequipa. Esa noche fue terriblemente genial. Aunque usted llegó tarde a casa y yo temía que su padre le lance una serie de gritos por los cuales era capaz de ya no mandarle, ni siquiera, un mensaje de texto por la vergüenza que eso me traería. Gracias a Dios, mi querido “Freddie Mercury” fue de lo más chévere y ello no ocurrió.

Sólo nos hemos visto 4 veces y de ellas la del 21 fue la mejor, creo yo. Todo, así, sin exagerar, todo fue alucinante. Recuerdo que tal día nos despedimos con una abrazo muy significativo, que trajo consigo un “ujum” producto de la sonrisa de esa acción. Hasta ahora la recuerdo, pero como algo anecdótico. También traigo en mis recuerdos que fue en un asiento de la Vía Expresa Grau y que cada palabra que trataba de formular era interrumpida exageradamente por los sonoros cláxones de las combis, micros o buses, que se empecinaban en hacerme pasar un mal rato, pero que no lo lograron.

(Si hasta aquí conserva el buen ánimo, señorita capicúa, todo bien. Tome un poco de su agua mineral o de la gaseosa que puse como propuesta).

La última y desdichada vez que nos vimos fue para “Halloween” o el “Día de la Música Criolla”, lo mismo da, ya que para mí fue una noche de brujas, pues sospeché que todo no andaba tan lindo como antes.

Lo que vino después fue una serie de desvaríos, de mensajes fríos en ocasiones, emocionantes en otros casos, conversaciones gélidas por “messenger”, noches pensativas y largas, interrogantes tan grandes como sus ojos y con un fin nada alentador para mí, pues, como ya es costumbre, salí aporreado ante todo ese panorama negruzco que vi crecer cada día de Noviembre.

No le miento que me llenaba los ojos; que la pasé espectacular con usted; que adoraba su sinceridad (asi ella me haya llevado de las orejas al psicólogo un par de veces); que siempre pensaba en como sería estar con una chica que se autoproclamaba, de la manera más graciosa, estresante; de tener que pasar por todas esas trabas que me señalaba, como para desalentarme, pero que yo –terco- estaba dispuesto a destruir; de lo emotivo que hubiese podido ser robarle un beso –siempre y cuando hubiésemos terminado igual de templados después de un tiempo prudente de salidas, sino, no me arriesgaba a la cachetada por nada- en el mismo lugar donde nos conocimos; de lo chévere que hubiese sido pensar en nosotros y a la vez en la música –santa madre nuestra-; de lo bien que me sentía cuando me decía: “R……to”. Hubiese sido lindo, pero todo se cayó como una torre de arena, todo fue de más a menos. Aunque ahora que me pongo a pensar –que milagro-, siempre es mejor terminar como amigos que como perro y gato. Todo se dio así porque alguien lo dispuso. Nada es casualidad. Quizás y pueda estar con usted en otra vida, porque en esta si quemé todos mis esfuerzos. El futuro que nos espera (ojalá que si), tiene un nombre muy bonito: Música.

Espero que se haya reído, señorita capicúa. Tome algo de líquido y digiera la cólera. Ja, ja, ja. Aguardo tocar algún día con usted en Londres. Un abrazo.







¿Se acuerda de esta canción? Una travesura del inexistente destino. Igual, Thank you.