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Dónde nos leen

martes, 22 de marzo de 2011

Días raros

23 años, 67 kilos, 166 centímetros, una fachada nada envidiable y muchas ganas de sacarme la mugre tanto en la universidad como en el trabajo. Un año más, un 28 de febrero más pasó y relegó a los buenos 22 que tuve.

(...)

El día del cumpleaños de este escribas no se lo deseo a nadie, al menos la tarde de esa data, no. Fue horrible, pendejísima, soleada, caliente, acabé con la piel hecha trizas por el insufrible sol, terrible. No pude matricularme en la universidad en los días previos por problemas financieros (pagarle a medio mundo las deudas que arrastraba del año pasado. Sólo a mí se me ocurre hacer un préstamo para pagar otro. Un genio, yo) y justo ese bendito Lunes, día de la última opción, estuve en la correteadera de ir a la facultad a que me den un recibo, ir al banco a pagar, regresar a casa por un papel que había olvidado, retornar nuevamente a la facu para que me digan que debía estar en el local contiguo para escoger mis horarios, entrar allá, ver –con pena- los horribles -valga la repugnancia- horarios, secarme la frente del sudor, arruinar mi preciado polo de la selección de Holanda, acabar molido ya con los cursos prometidos y terminar odiando ese día. Hasta que me di cuenta que cumplía 23 (un año más viejo) y que no tenía por qué estar haciendo paté mi hígado. Así que me animé, sonreí, me lavé la cara y llamé a mi querida Carlita Lúcar. Carla, me mejoraste el día logarítmicamente. El almuerzo estuvo excelente. Muchas gracias desde esta humilde escotilla de internet.


(...)



Arranqué la universidad al otro día, con muchos ánimos, con ganas de hacer bien las cosas, aunque todo ese entusiasmo contrastó con el del profesor de turno que dictaba un curso tan entretenido como una carrera de tortugas. Toda mi energía inicial se resumió a la de un paciente de hospital precario y con 20 diazepam encima. Llegó el fin de esa clase de Relaciones Públicas y pude saludarme con todos los somnolientos compañeros que encontré conscientes after class: Tatiana, Lenin, Karyna, Víctor. El resto nadaba en su mar de sueño aún.

(...)

Por estos días también vi a mi hijo Camus enfermar. Ya hace como un mes lo notaba toser, pero esa queja se agravó con un jadeo prolongado. Jadeo que me asustaba cada vez que veía su lengüita azul, medio morada, por falta de oxigenación. Confieso que cada vez que pasaba eso el corazón se me congelaba y sentía un miedo espantoso y por ahí, alguna vez, he llorado porque no deseo que le pase nada malo. Me moriría de la tristeza. Con tantas visitas a la facultad de veterinaria de San Marcos, a causa de esta aflicción canina, amenazo con salir de ahí graduado. He aprendido mucho en ese lugar pacífico y debo agradecer a los médicos que están atendiendo a Camus. Gracias por la paciencia, confío en la mejoría de este pequeño de tres años con facha de 30. Te amo, hijo. Tenemos que lucharla.

(…)

Por estas fechas también tengo que agradecerle mucho a mucha gente de la radio, gente que me ha ayudado después de una amenaza formal de despido, personas que me vieron ir de aquí para allá, defendiéndome y apoyándome en la tarea de retener mi trabajo. Gracias Adolfo, Chino, Arlett, Luiggi, Marli, Carlos (Palma), Curioso, Luciano, Soledad, Cecilia, Daniel, Daniela, Edgardo, Angee, Mauricio, Héctor Felipe, “Buba”, Yuly, César, “Coco”, “Pepefé”, Toño, Leslie, Vicky, Regina, Yuri, “Yuyos”, Ríchard, Diana, Renato, Bianca, Julito. Los tengo siempre presente en mis oraciones. Gracias.

(…)

Ya para cerrar, ayer conocí –ya formalmente- a Valeria, hermana de un compañero mío de la universidad. Todo me pareció tan ocurrente porque si él se entera de la salida me mataría, por decirlo menos. Muy aparte de eso, me pareció extraño también porque esto de la salida se dio de la nada: “Oye, hay que salir el sábado” – “Ya, bravazo. Vamos a conocernos”. Y así pasó. Un par de semanas conversando buen rato por el chat del facebook (que es una sonora tragedia), otras tantas chateando vía “Messenger” y nos encontramos anteayer.



Cuando llegué al sitio acordado -Café Z- y vi que no entrábamos y seguíamos caminando, previo saludo (previo susto de su parte), sospeché que tenía que empezar a olvidarme del Mokka que venía saboreando imaginariamente en el camino. Caminamos y caminamos, por allá, por acá, por el malecón, por el puente Villena, por Larcomar. Y justo ahí, en Starbucks propiamente, con 2 Frapuccinos y un par de “blondies” charlamos horas de horas.




Valeria, misma paciente y yo, fungiendo de psicólogo. Valeria, confesándome sus desvaríos amorosos y yo, gritando para mí: “que imbéciles estos jijunas (el mago y el vecino)”. Valeria, abriendo los ojos, expresando sus vivencias y yo, sorprendido por su madurez a su edad. Valeria hablándome de su fascinación por los carros y yo, contándole –palteado- que alguna vez choqué el carro de mi viejo y me hizo un show público con el vehículo lesionado. Valeria sonriendo y yo haciendo lo propio tímidamente.



Valeria, si algún día lees esto, entérate que sí que la pasé bien, espero que tú igual –aunque… aunque nada-. Que tal trip hasta su casa, por cierto. Saludos a Alejo y adviértele que más tarde iré a la facultad con un escudo para defenderme ante un eventual ataque suyo. Espero verte pronto. Sí que eres linda.

(…)

Estos días raros me han traído alegrías, penas, como la muerte de mi tía Juana (a la que extrañaré por ser tan buena gente); risas, confianza y nuevos conocidos. Un poco de todo que es mejor que nada de nada. Este inicio de año está algo extraño.
¡Ah! Lo olvidaba. Tengo que agregar que a partir de ahora, cada post de este humildón blog, estará en la web de la adorable Carla Lucía, mi ojona preferida, buenísima amiga. Gracias, Carlu. Espero que después no te arrepientas de tan desatinada decisión. De verdad te admiro por eso. Gracias a ti esta entrada ya no tendrá 2 ó 3 lectores (y eso), ahora serán muchos más (4, 5 ó, con suerte, 6). Todo mi aprecio para ti, Penalillo. Asì que desde hoy estamos en www.algodelima.com.

Las 3 de la madrugada y a las 8:30 tengo reunión con el jefe. A dormir. Gracias por soportar este post desordenado, raro y agradecido. Prometo no volverlo a hacer.




*Nena, llévame a un lugar con parlantes.

lunes, 3 de enero de 2011

2010


¡Maldición! Fue lo primero que dije al no ver el post que le había compuesto, cual cantautor enamorado, al año que se fue. Se lo merecía, puesto que fue un conjunto de días geniales y un inoportuno virus hizo que todos mis archivos se borraran.


Con mi máquina ya rehabilitada, me convenzo que tengo que volver a escribir lo que me pasó en el 2010, año que comenzó muy mal, pero que, con el transcurrir de los meses vi (gracias a mis lentes supersónicos), como fue progresando de a pocos.


(…)


Coco, mi adorado hijo de cuatro patas, apareció el 12 de Enero, tras 15 días fuera de casa. Algo a lo que llamo “milagro”. Recién ese día reventé cohetes en la puerta de mi casa, tomé champagne y me puse una camisa amarilla, haciendo mías las costumbres estúpidas que mucha gente suele hacer por fin de año.


Después de eso, medité que la universidad era un tema pendiente para mí y, por fin, decidí tomar ese reto postergado. Este año, con solo unos días de preparación -tras la búsqueda expedicionaria de Coco- y con mucho miedo –mezclado con presión casera- rendí la dichosa prueba que constaba con 120 preguntas, de las cuales respondí, con confianza, la mitad. Las 60 restantes sí que me trajeron muchos desvaríos emocionales. Frases como: “Qué carajos es esto”, “Estas son preguntas de la UNI”, “Maldito Pitágoras”, “Si no paso la prueba voy a ser el hazmerreír de la casa”, se intercalaban cada cinco minutos en mis laberintosos sesos. Como la mitad de la prueba se basaba en números (¡¡¡INJUSTICIA TOTAL!!!), no me quedó otra que hacer la táctica de “Godines”: a la moneda. Debo reconocer que dicha treta sirvió, pues, si bien no estuve entre los primeros 10 lugares, sí me vi entre los 15 mejores… Algo que ni yo me explico.


(…)


Febrero vio el primero de los tres robos –impunes- que sufrí a lo largo del año. Recuerdo haber llevado a un mal herido amigo a la veterinaria (sí, era un can con una abertura grande a la altura de costilla derecha, al cual bauticé como “Mancito”. Supongo que por denominarlo así, el perro me habrá puteado con todo lo que le quedaba de fuerzas) para que curasen su terrible herida. No encontré al que, a la larga, cerraría su grieta, pero sí hallé a la encargada momentánea del establecimiento: Leslie. Al principio estaba más preocupado por mi eventual amigo, que se quejaba de rato en rato y que tras acariciarlo por períodos largos cesaba de gimotear. Como agradecimiento, recibía unas nobles lamidas del gran “Mancito”.


-“¿Es tu perrito?” – interrogó sorpresivamente Leslie.


- “No –respondí- lo encontré en la calle, abandonado a su suerte y no tenía corazón para dejarlo así, por eso lo traje”.


-“Ah, qué bacán. Pocas personas hacen eso.”


-“Lo sé.” Terminé la charla, cortante ante la llegada afortunada del veterinario, el cual lo revisó y atendió muy bien, suturándole el gran resquicio al otro día. A todo esto, mi idea era ir a medias con el doctor en los gastos del animal, pero me di con la desdichada sorpresa que tenía que pagar todo, lo cual –con rebajas, descuentos, regateos y súplicas de por medio- prometía una suma nada baja. Pensé en el can abandonado, pensé en “Coco y Camus” (mis oficiales hijos), pensé en todos los animales de las calles y dije para mí: “`Ta mare’, estoy gastando plata que no tengo. El examen me salió caro, la matrícula de la universidad y el primer mes de pensión le han sacado la mugre a mis ahorros, pero quizás ésta sea una forma de pago a la suerte que he tenido en este lapso. A la mierda, “Mancito” es un buen perro.” Tras el análisis y la aprobación al pago, vi una sospechosa sonrisa en el veterinario. No me quiero ni imaginar por qué. Whatever.


En todos esos días, Leslie y yo cogimos cierta afinidad: salíamos a comer, nos mensajeábamos o llamábamos, estábamos con cierta inquietud uno respecto al otro, pero, al menos por mi parte sólo quedaba en eso: sana inquietud. Admito que alguna vez puse como pretexto ir a ver al convaleciente cuadrúpedo, para –en realidad- verla. ¡Vamos! ¿Quién no ha hecho algo así?


Un día –lamentablemente para mí- soleado, me citó en un parque cerca a la veterinaria para conversar. “Ya, chévere. Voy”, le contesté. Entre tanta y tanta cháchara, risas y abrazos, vi a una Leslie suspicazmente segura por hacer algo. Se paró para luego volverse a echar en el pasto donde nos encontrábamos y sin dudar me estampó un beso certero, rudo y descontrolado. Yo, absorto, me vi entre unos poco delicados masajes labiales y la gracia que me provocaba pensar que había tanta gente alrededor viéndonos. Al terminar, no me quedó otra que reírme, pero no de ella ni del arrumaco. En realidad no sé ni por qué me reí, pero lo hice. Acto seguido, ya estábamos besándonos nuevamente.


Así pasaron unos cuantos días. Llegó mi cumpleaños y fue el último día que la vi. Después de un par de semanas geniales –y sin formalizar nada, a mutuo acuerdo-, llegó el 28 de Febrero, cumplía 22 y la pasé con ella comprando, hueveando, rozándonos. Fue el mejor cumpleaños que tuve en mucho tiempo. Al día siguiente empezaba la universidad y sin tiempo para nada, dejé de verla, perdimos contacto y todo se –a lo Fujimori- disolvió.


Ya instalado en la universidad, conocí a Fiorella, una chica de mirada preciosa, pero que a simple vista no me llenaba mucho los ojos que digamos. Mi fijación iba más por Milushka. Ambas a la postre se harían muy amigas. Ese gustó hacia la segunda fue creciendo conforme me olvidaba de Leslie y un día decidí contárselo a la primera, sin imaginar que la había zurrado –sin querer y sin saber- magistralmente. El día de la confesión sentí un tenue desánimo de parte de Fiorella, el cual tenía una razón muy, no sé, extraña: contra todo pronóstico, yo le gustaba.


El pasar de los días hizo que la fijación que tenía se desinfle, cual globo, porque con quien tenía ligera aproximación era con “Fío” y eso jugó no sé si a mi favor o en mi contra. Como el contacto era mucho más frecuente, me fui enganchando (sin querer) y terminé enamorándome de ella, aunque había cometido un delito grave, insufrible y por demás pendejo a esas alturas del partido.


El último mes del primer ciclo, ella se mostró distante y yo me sentía afectado ante la asolapada desatención. Ante tanta indiferencia, decidí decirle lo que me pasaba, pero si lo hacía en la semana previa a los finales, la iba a joder horrible, porque la concentración que debíamos tener para las pruebas la iba a mandar, sencillamente, al diablo. Así que me esperé hasta el último día de finales.
Si mal no recuerdo, el examen con el que terminábamos el ciclo era de matemática, así que entre cálculo y cálculo, entre las ganas de querer retroceder el tiempo miles de años y golpear mortalmente a Pitágoras, se me cruzaba Fiorella, quien terminó la evaluación rápidamente y se mandó mudar sin prestarle atención a los quecos que hacía silenciosamente para que se quede. El que sí tomó con descortesía mis maniobras fue el profesor: “Una más y te anulo el examen, Cholán”, palabras que tomé, asentando la cabeza con algo de arrepentimiento. Terminé, salí, la llamé y no contestó. Nos vimos en la fiesta de fin de ciclo, pero cuando mi sonrisa se comenzaba a dibujar, ya se había ido ante una inoportuna –para mí- llamada de su buenagentosa mamá. Renegué conmigo mismo.:“Puta madre”.


Al final de todo se enteró de mi agrado por una carta. Si la fregué o no, escribiéndola, sólo ella lo sabe. En las vacaciones nos vimos, me confesó que alguna vez le gusté, pero con lo de Milushka, este gusto se esfumó y como era comprensible, mis ganas por agarrarme a cabezazos contra la pared eran notorias. Alguna vez fuimos al cine; alguna vez -en el transcurso del segundo ciclo-, me besó cuando menos lo esperaba; alguna vez me dijo para intentarlo, alguna vez se arrepintió de todo y muchas veces me dejó con el corazón hecho añicos. La cronología de este amorío inconcluso está en los tres últimos posteos de este blog y que por motivos de flojera, no puedo resumir. Este fue el segundo robo de este año: un par de besos dulces que alguna vez en la vida quisiera repetir, pero, ya no asumiendo el papel de víctima, sino, el del ladrón sinvergüenza.


Noviembre hizo que me asalten por tercera vez. Fue algo no tan memorable, quizás porque aún seguía templado de Fiorella. Lo más resaltante de aquella vez fue que estuve a punto de irme a la cama, por no decir tirar, con una excompañera de colegio, la cual estaba muy apetecible. Ya con demasiados tragos encima y con la calentura del asunto, nos pusimos medio alegrones, pero –no sé si por buena o mala suerte- siempre guardo algo de cordura así esté con tragos encima o a punto de llegar al estado etílico más patético, y al final no pasó nada. Nada porque no traía un condón conmigo y a esa hora (5:30am aproximadamente) no había una farmacia cerca y, peor aún, cuando estaba yendo a la reunión me di cuenta que el “Repshop” más próximo estaba en reparación.


Recuerdo haberme lamentado como nunca, recuerdo haber pateado el surtido refrigerador un par de veces, pero así: sin protección de por medio, ni cagando. “Falla algo y me jodo”, recuerdo haber dicho como consuelo. De repente (y es lo más, terroríficamente, probable) haya quedado como un soberano rosquete ante “V” y quizás, también, ante los que lean esta entrada, pero, carajo, no me veía cambiando pañales a los 22 años, dejar la universidad y privarme de conocer –algún día- Buenos Aires y Londres por una madrugada de sexo. Sin ganas de justificarme, seguro algún día contaré la revancha que tuve.


(…)


En lo laboral fui de menos a más, pasé de trabajar en GRP (Grupo Panamericana de Radios) al Grupo RPP y no me puedo quejar: hago lo que me gusta y encima me pagan, y si eso no es tener suerte, no sé qué otro rótulo ponerle.


En la chamba conocí gente excelente que en poco tiempo se ganó mi confianza y –quiero creer- yo la suya, también. Espero complementar la universidad con el trabajo e ir trepando, cual saltamontes y a la velocidad que sea, en la empresa donde ahora trabajo. A Dios gracias, estoy en el lugar en el cual también labora la chica que me llama por demás la atención y que es homónima de una de las chicas que mencioné –o agravié- antes. SUERTE.


(…)


En lo familiar, afiancé lazos con mi madre. Hoy más que nunca sé que no podría vivir sin ella y eso me hace sentir muy bien, de a pocos le daré lo que quiero para ella. De a pocos. También endurecí los motivos consanguíneos con otros tantos personajillos caseros y a otros simplemente los quiero mandar al sol con pasaje de ida solamente, puesto que considero que la hipocresía familiar es el peor bicho que existe, así que alejados de mí, estarán mejor.


- Mi viejo está en Chiclayo y recién este año he sentido que lo extraño bastante. Ojalá me alcancen los recursos para repatriarlo a casa lo más pronto posible.


- ¿Coco y Camus? Los amo con cada fragmento de mi corazón.


En cuanto a mí, creo que el hecho de escribir, bien o mal y de cuando en cuando, me relaja un mundo. Lo que pretendo es que los que –heróicamente- soportan leer un post, se rían. Espero haberlo conseguido alguna vez.


Ya estoy perfilándome hacia lo que voy a ser. Sé a dónde llegar y sé lo que quiero. Habrán muchos cabrones bultos en el camino, pero cuando no los hay no se muestra interesante la vía, así que bienvenidos sean. Tienen licencia para joder.


(…)


Creo que olvidaba la universidad. Lo que más me satisface fue haber aprobado de buena forma (con negreras amanecidas y todo), Teoría de la comunicación de la terrorífica Zoila Guzmán. Aquel que no haya pasado por sus manos estando en la facultad de Ciencias de Comunicación de la San Martín, no ha sentido el miedo. Todos a los que interrogo por ella, tanto en el trabajo como en la misma universidad, ponen una cara de recelo, acto seguido, corren despavoridos. También pasé Estadística, curso que de antemano ya daba por jalado, pasé con lo mínimo –y con ayuda-, pero pasé, a pesar que el desdichado score hizo que todo mi sacrificado ponderado baje considerablemente. Al carajo: No jalé nada.


En resumen, este año reí, lloré, gané, perdí, maduré (algo al menos) logré muchas satisfacciones –a diferencia de Mick Jagger: “I can’t get no satisfaction”-, amé, me trituraron el corazón (pero aprendí de ello), engordé, me corté -a regañadientes- la larga cabellera, conocí gente excelente y, sobretodo, siento que di el primer paso hacia mi ansiada realización personal. En el 2011 me espera Buenos Aires, ciudad en la que nació mi ídolo Gustavo Cerati, al que vi en su último concierto en Lima.


Gracias, Dios por haberme dado un 2010 tan de puta madre.


Un año tan bueno como esta canción.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Sótano


No sé por qué se me dio por revisar la bandeja de entrada del celular. Debo haber tenido demasiados mensajes y uno en esperando a ser visto. Qué tal viaje me di. Ir desde el primer mensaje de año nuevo (del 2009) de mi querido amigo Jesús Véliz hasta el último que me envió hace unos minutos mi “madre universitaria”, mi siempre abrazable Tatiana Chervelini.


Pasé por algunos valles pendejeretes, algunas vías cariñosas, algunos abrazos escritos, varios paisajes de risas (en especial por los sms de mi hermana), por ríos de bonitos recuerdos y unas desventuras amorosas espinosas, además de los pocos mensajes feeling que tengo (porque a la mayoría de ellos los mandé al olvido del “delete”).


Me detuve un buen rato en unas minimisivas, unos mensajes particulares de alguien que hoy quiero que sea parte del común y no mi -valga la “rebuznancia”- particular. Esos escritos del 28 de agosto, fueron tan lindos que ahora dudo que los haya escrito “ella”. Con cierta jodida pena los veo, los leo y releo, pero no me atrevo a eliminarlos… Al menos, aún no. Hoy 20 de Octubre, no.


Esta historia colapsó hace rato. No el viernes pasado en el que mandamos todo al diablo, en el que me acordé que era una persona frontal y dije las cosas con puntos, comas y hasta diéresis; día en el que me largué de la universidad, dolido, sí, pero no tan triste como esperaba. Con frío, sí, pero bien abrigado.

Camino a mi trabajo prendí 2 ó 3 cigarros, caminé hora y fracción y la malagana se me pasó. Llegué tranquilo y las canciones que suelen ser traicioneras conmigo, esta vez fueron de los más relajantes, tanto que me quedé dormido, pero a Dios gracias, la señal de la radio no se fue (a Dios gracias, otra vez).


Esta vez “F” hizo de las suyas. Ahora mismo estoy quemando neuronas al ver esos mensajes y los contrasto con lo que me dijo esta individua este último fin de semana: “Olvídalo todo, ya no me esperes, quiero que te ocupes de tus cosas y que te olvides de mí”. Fue tan rápido como un estornudo, tan doloroso como una operación sin sedante y tan triste como una navidad sin familiares. Ahora que tengo el material físico (los mensajes) y el intangible (los recuerdos) me doy cuenta que no es la misma persona. Quizás me la cambiaron, quizás esa variable personalidad cogió su punto máximo y cambió a rajatabla en unos cuantos meses –o semanas-. Y la verdad que da pena. Pena porque creí que era distinta y terminó siendo común, tristeza porque creo que aporte mucho y al final me robaron dichos aportes, algo así como un pensionista estafado. Algo colérico –sí, también- porque traté de conquistar lo inconquistable.


Jode y jode bien, pero como que ahora no me puedo permitir entristecerme. Deprimirme sería muy estúpido. Ahora no tengo licencia para eso, pero claro está que no puedo ponerme de pie solo, siempre hay alguien (además de mi madre) que me sostiene y me hace quedar erguido, que me aguanta la caída: siempre miro mi crucifijo –crucifijo que, además, ella me regaló-, veo la cara sonriente de Jesús (porque sí está riéndose y tiene sus 10 céntimos de gracia) y digo: “Por qué si él, estando adolorido por todas las perradas que cometemos sus hijos, sigue manteniéndose con una sonrisa, por qué yo no puedo mantenerme así. Sonreír no cuesta nada y vale mucho, así que –carajo- ríete todos los días.”


Bueno, considero que no tengo mucho por escribir hoy, me jugaron chueco, pero ésto lo redacté por puro amor a mi blog (o al menos así quiero creerlo), por mantener en forma a mis dedos (en forma de ollucos). Este personajillo murió y en su trayecto al “Yomotsu” se lleva el amor que siento. Ambos bajamos a un sótano (en todo el sentido de la palabra), pero, como realmente pasó, el que salió más rápido del fondo fui yo.

El mensaje por el cual borré algunos de sus pares y por el que escribí este post, nunca llegó, sin embargo, confío que el soslayo llegue pronto... Some people never know.




Suspiraban lo mismo los dos... y hoy son parte de una lluvia lejos...

viernes, 17 de septiembre de 2010

¡FELIZ CUMPLE!




-Parte 1




Ayer 15 me quedé con ganas de decirte que te veías muy bonita (más). Me quedé callado. Si se lo hubiese contado a mi abuela, seguro que me hubiese dicho: “¿Qué pasó hijo, te comió la lengua el ratón?”. No dije nada, pero lo pensé y lo repasé y como que me arrepentí de no habértelo dicho. Cuando reaccioné ya estábamos dando un examen de Ciencias Políticas. Too late. En respuesta a una pregunta puse: “Qué linda estuvo hoy”.


Ya son como las 2 de la madrugada y debería estar en mi décimo tercer sueño, peleándome con las sábanas; pero no tengo mucho cansancio. Mis hiperactivos dedos están inquietos, calibrando un nuevo post, en busca de una sonrisa y de un asolapado (porque estoy tan misio como el buen chavo del 8) regalo de cumpleaños.


Recuerdo que ayer me llamaste como a las 3. Estaba sentado, viendo mi consola, manejando los tiempos, pegando canciones, tomando agua; cuando de pronto, la pantalla del celular dormido dibujó tu rostro, puso tu melodía y comenzó a tiritar, cual gato mojado, una y otra vez. Eras tú. Tú que has agarrado la sana costumbre de decirme “Eduardo” y no sé por qué, pero, me gusta. Como que ese nombre tiene más presencia, es más fuerte que mi primer nombre dizque portugués (portugués de La Victoria).


Después de un buen rato hablando me dijiste: “Eduardo, ya no puedes seguir faltando a Métodos, sabes que el tío se descuadra con las faltas y no quiero que eso pase…”. Eso, con la tonalidad de voz con la que lo dijiste, sonó tan bien que dejé la radio en silencio por 5 segundos. El bache radial más sonoro de este año, tan sonoro como el grito que me dio la productora apenas colgué. No me importó, estaba feliz.


Fiorella, si calificaran por sonrisas, “Zacarías” una beca con todos los honores. Te he escrito muchas veces, tantas que creo que publicaría un libro sólo con lo que te he compuesto. Lo raro es que no has leído todo lo que he redactado. Aunque deduzco que de tanto leer, creerías que es un libro de Berlo o Fromm y te quedarías tan dormida como ayer, después de tu llamada. Hasta aquí el primer bloque. Este bloque se llamará “T”. Voy a dormir porque más tarde no me levantaré. Blog, le seguimos escribiendo más tarde, ¿sí?

-Parte 2


3:00 pm. Día 16 de Septiembre: Salí del trabajo y estoy en la biblioteca de la facultad. Mi querida biblioteca, me ha visto dormir muchas veces, pero hoy no será así. Sus asiduos tampoco me verán caerme entumecido a uno de sus fueros, sus lagartos lectores no cuchichearán esta vez por el alardeo de mis quejidos somnolientos. Hoy vengo a escribir, aunque parezca difícil de creer.


"Ha salido un sol criminal", recuerdo haber dicho. "¿Y qué esperas? Si es septiembre", alguien susurró por ahí con desparpajo. Morfeo está jugando con mis bostezos. ¡Septiembre! Cierto, mes de la primavera. Veo que nada es coincidencia porque hace 24 años nació la flor más bonita, un día miércoles y seguro tan soleado como hoy. Gracias Dios por tan buen regalo. Este obsequio que vive atado a su cámara, que ayer salió con trenzas inesperadas después de un examen, que tiene una inseparable mora azul, que tiene un canino tan adorable como lo largo que es, que siempre tiene una sonrisa que hace brillar los días (mucho más que este sol). Este regalo tiene la mirada tan directa que petrifica con su dulzura. Muchas gracias, padre hermoso, porque así nomás no ves seres tan adorables sobre esta tierra.


¡Uy! Llegó un agente inesperado. Alguien que tiene bien ganado su rótulo de “Pavrián”. Antes de cerrar abruptamente esta parte, tengo que bautizarla. Te llamarás: “Q”. Fío, te sigo escribiendo en casa. Llegó aquel carnicero que me hizo caer dos veces jugando fútbol y me cortó la viada.

-Parte 3


Ya es 17, ya debería estar plantado en el facebook, escribiéndote: “FELIZ CUMPLE” y tantas cosas más. Pero, no he terminado el post. Me alegró en cierta parte comenzar tu cumpleaños contigo, o al menos estar ahí cuando el reloj marcó las 00:00 (aunque fácil ya eran las 00:10 porque el minutero de mi celular siempre me traiciona), pese a que las circunstancias no eran las más alegres. Y sabemos por qué. Descuida que ese angelito largo mejorará y será “Puppy reloaded”. Está bien y lo más importante es que tú estés bien, y más hoy, que es especial.


Ayer 16, me sorprendió que te hayas ido tan rápido como cuando llegaste, los hechos ya los sabemos y no aparecerán aquí. Tranquila.


Espero que el regalo esté tomando forma, que al menos haya diseñado una sonrisa (al menos). Alucina que pensé invitarte al concierto de Vicentico, pero iban pasando los días y el concierto se enmarañaba, se iba borrando, hasta que desistí. Vicentico, para tu próxima visita será. Recurrí a tantas cosas para saber qué te podía regalar, pero ninguna me convenció. Hasta que dije “por qué no escribirle”. Quizás no le guste –que es lo más probable-, pero hagamos el intento. Fue así que en tres momentos diferentes con lugares distintos construí este post que es más tuyo que mío, porque yo lo escribo, pero tú lo inspiras. F.Z.N. (“M” no, porque sé que no te gusta tu segundo nombre), gracias por tanta espiritualidad, todas tus miradas y tus abrazos. Sabes que tienes residencia vitalicia en mi corazón. Esta última parte se llamará “M”, ahora tu labor es juntar las letras de cada parte del post, al más puro estilo de un programa concurso: “Lima, lifestones”.



Listo el post. Tengo una hora y media para desordenar mi cama. Espero que te guste.


¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MY FÍO!





Happy birthday, Fío.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Aún no lo creo

Debería estar leyendo, tengo sueño, tengo una pereza obsesa y grosísima, pero más tengo ganas de liberar esto que fluye y fluye, que me da vueltas en la cabeza, que me hace feliz y triste, que me hace coger una lanza e ir hacia adelante, a pelear por algo, a pelear por ella, a decirle que la quiero y a convencerla que también me quiere. Me sorprendo de lo que escribo, no soy de hablarle a los demás de amor, no soy de escribir de este “sublifinal” sentimiento.

Las confusiones siempre van vagando de un lado a otro en mí, juegan, se ríen, me estresan de vez en cuando, me joden y cuando quiero, las disuelvo riéndome, riéndome a carcajadas, riéndome hasta de lo que no debo. Esta vez hay una de ellas que va, sinuosa, fregando mi deseo, cogiéndolo de su parte más vulnerable. Esta bendita confusión me asusta.

Llamada:

- Ella: “No sé dónde estoy. Estoy entre dos grifos, con una amiga y poco dinero. Sé en qué distrito estoy parada, pero no sé cómo regresar a casa. Estoy con unas copas encima”.

- Yo: “No se nota que estés con dos o tres (o cuatro, quizás más) copas encima. Sé que estás preocupada. Voy por ti. Por las referencias que me das, sé dónde estás, sí me ubico. Espérame”.

- Ella: “No te demores, por favor”.

- Yo: “No te preocupes, tranqui, ¿ok?”.

Colgué y mi expedición empezó. Me dio pena (y mucha) ver a mis queridos “tumis” y “sarcófagos”, mirándome, apocados al saber que me desharía de ellos. Yo quedé con más pena aún, pues, junté con esmero mis monedas nuevas. En fin, valía la pena, alguien me necesitaba, era “ella”.

El viaje en taxi me puso algo tenso, pero al fin, llegué. Después de pasar por 4 benditos grifos de GNV que no le querían aceptar un billete de “Santa Rosa” al taxista salsero, llegué… y llegué odiando a las emisoras de salsa que me habían roto los oídos a trompetazos, al ritmo de Willie Colón.

Arribé al punto, se acercó, me abrazó, me estremecí. Yo, como siempre ante sus brazos, tenía una emoción desorbitada, pero no tangible. Un abrazo que se llevó un arete suyo directo al piso. Breve charla y presentación de una amiga suya –muy buena onda, por cierto- y enrumbamos a su dulce hogar sólo ambos. Caminamos dos, tres, cuatro, 10, 20 cuadras, no las conté, porque tenía que escucharla, es más, debía hacerlo, es mi obligación quedarme perplejo ante ella.

Llegamos a una céntrica avenida, bromeamos un rato, me abrazó, me abrazó y me volvió a abrazar. Yo la miraba, me perdía, confiaba en que me podía abrazar de nuevo y no me equivoqué. Adoro sus brazos entre los míos. ¿Se nota?

Paré el taxi, camioneta blanca, cómplice de la conjunción de mi hombro y su cabeza. Me perdí en sonrisas sin que ella lo notara. Mi frente se perdió entre sus cabellos, la abracé, morí unos cuantos segundos y me olvidé del latoso taxista salsero que me acompañó en el viaje para poder encontrarla y abrazarla tan fuerte como pude. Olvidé aquel taxi en ése otro vehículo que nos llevó a su casa. Al fin llegamos. 11:50 pm.

Bajé del bendito carro, idiotizado, nervioso, pero muy yo: con la mirada directa y sin dar señales de mi acalambrada felicidad. Bajé y ella hizo lo propio. Los tumis que murmuraban en mi billetera sabían que tendrían un nuevo dueño, conversaban entre ellos y los sarcófagos que querían que los siga albergando, pero se fueron y pagaron mi sonrisa vehicular.

Me dio risa verla buscar al taxista que hasta hace unos minutos aún se encontraba ahí y que hubiese seguido postrado en la pista, desafiante, si no le cancelaba la carrera. La miré, me reí y la volví a mirar. La seguí con la mirada hasta la reja que vigila las escaleras de su casa. Abrió la puerta, volteó, me miró, me sonrió, me sacudió azarosamente otra vez con sus hermosos ojos y sus labios confrontaron los míos. Estaba en el cielo, besando a un ángel, besándola. Por un momento no cerré los ojos porque no lo creía, pero después ambos caímos en el ritmo armonioso de ese beso que marcó mi año, que hizo que la noche se iluminara y que convirtió esa instantánea en el mejor momento del 2010. Fue el primero de dos, fue más infinito que el segundo, fue ligeramente más dulce que el que le siguió.

Después de un rato y con algo de confusión me pidió que la perdone. “De ¿qué?”, pregunté. No sabía, no me había hecho ningún mal, todo lo contrario, fui feliz largo rato.

“Tranquilízate”, le dije. “Hablemos un rato, sentémonos en las escaleras”.

-Yo: “¿Qué me hiciste? ¿Por qué tengo que perdonarte?”

-Ella: “Es que no lo debí hacer, no estuvo bien”.

-Yo: “Calma, pasó, ya está. No te pongas mal, que lo último que quiero es eso”

-Ella: “Sí, pero, Edson, no”

-Yo: “No ¿qué? Calma, por fa’”

-Ella: “Yo no te quiero herir”

-Yo: “No hay forma de que eso pase, yo te quiero, quiero estar contigo en un futuro. Sé que es muy pronto, pero déjame intentarlo, no me cierres la puerta. Sé que también me quieres…”

La charla prosiguió, hablamos de un tercero, hablamos de muchos cuartos y quintos, hablamos y nos abrazamos, nos caímos mientras queríamos levantarnos y de pronto otra acción que me pagó el 2010. En las nubes otra vez.

Ya en casa, nos sentamos, conversamos más de todo, conversamos menos de mucho, besaba su mano, tomaba agua, la miraba, la acariciaba, nos reíamos, veía el reloj que nunca se pudo arreglar, la escuchaba, la miraba atarantado, no lo creía (hasta ahora no lo creo). La escuché decirme que no sabía qué actitud tomaría conmigo la próxima vez que nos viésemos, algo que me puso en alerta y ciertamente triste y pensativo. Pusilánime, la abracé, besé su cabeza y vi cómo me escribía en el Messenger, aún estando a su lado. Sonreí, me miró y sonreí otra vez. Me sonrió y callé alegre.

Era tiempo de irme. Eran la 1:30 de la madrugada. Salimos y empezó a llover, la besé e intenté repetirlo, pero ya fue esquivo. Pensé y triste yo, sólo me quedó estrecharla. Eso me hizo ligeramente feliz, más aún cuando dijo que me quería. Y así nos quedamos, bajo la garúa, cerca de dos minutos. Me desaparecí de su hogar a caminar, caminar como loco, caminar bajo el agua y a despejar las dudas, a sacar cálculos, a recordar el momento más bonito del año. Caminé, pateé un par de piedras y estoy seguro de que si mis zapatillas tuviesen vida propia, me demandarían por explotarlas de tanto latear. Javier Prado y la Arequipa me vieron subir a un bus y llegar cansado a casa.

La besé, no lo creo aún. La quiero. Iré con mi lanza a hacerle la lucha a cualquiera. Ella sí vale pena, sabe que la quiero y “que por ella iría hasta la luna”, y sé que también me quiere, me quiere la chica de la eterna sonrisa y los bellos ojos.

Te quiero.

Sábado, 21 de agosto, 11:55 pm: nunca te irás de mi mente.




GOD put a smile upon your face, "F".

viernes, 19 de febrero de 2010

Así es ella


Al fin pasó todo el tormentoso remolino llamado “admisión”, con resultados favorables para este blogger (gracias a Dios). Mis dedos y cerebro libres y despejados van a la caza de una nueva entrada en este cajonzuelo virtual al que tengo un poco empolvado y desordenado. Tengo protagonista –la tengo-, también una idea de cómo construir este post, así que… empecemos.

Usualmente escribo de gente que me impresiona y esta vez no será la excepción. Es extraño porque conozco a esta persona hace mucho y poco tiempo a la vez. Da la casualidad que sé de ella hace tres años y recién en Octubre pasado –y a la fuerza- empezamos a hablarnos.

Escarbo en mis fotogramas y recuerdo haber llegado a una de esas empalagosas reuniones grupales de trabajo que nosotros solemos tener cada Jueves (o Miércoles de vez en cuando). Medio perplejo al ver tanta demostración de afecto entre unos y otros (cosa que me parece excesivamente tétrico), vi –a los lejos- a esta mujer con rostro de niña, la vi porque estaba justo al lado de la única chica con la que me hablaba, a la que saludé en el acto levantando el brazo y moviéndolo de un lado a otro, esperando una respuesta similar. Hice eso con el fin de llamar –también- la atención de mi ahora supervisora, cosa que conseguí a medias. Me acerqué de a pocos y mientras eso pasaba ambas féminas se desviaban de mi saludo rochosamente. Cuando menos pensé, ellas se habían unido al coro repelente del: “Hola, amigo” con otros individuos y yo quedé –como diría mi estimada Nelly Furtado- con las manos al aire. Ese es el primer vestigio que tengo de mi protagonista de hoy.

Neli, es una de esas personas que ni bien ves te agrada, pero a la vez, piensas, -y de manera muy prejuiciosa – que es de las que no te responderá el saludo o que (quizás) te dejará hablando solo. Craso error. Eso le pasó al fulano que está escribiendo y a muchos más –según me contó ella-, pero tienes que tratar a la Srta. Coz para saber que estás equivocado. Es muy buena onda. Ella tiene algo, no sé, algunos le dicen a ese “algo”: ángel (con una mirada un poco desafiante, pero ángel al fin).

Me ha pasado que estoy de lo más apocado por cosas enredadas, sin sentido, cuando de repente al caer en una cháchara con ella se me pasa el mal ánimo y ni cuenta me doy. “Efecto Neli” le he puesto a dicha ¿terapia? (…) Cómo olvidar eso. Ni hablar. Ese método se limita a hablar de un tema y terminar charlando de otro que nada tiene que ver con el primero. Resultado: confusión y risas.

A ella rara vez la he sentido dudar. Ella está tan segura de lo que argumenta que puede arrastrarte sutilmente en sus palabras y gestos hasta terminar por convencerte. Ella, sin querer queriendo, puede alegrarte una pusilanimidad crónica, así –sin conocerla bien-, regalándote una luminosa sonrisa, puede convertir tu día gris a uno dorado intenso. Esto no es prosa ni verso, es la pura verdad, sino, que lo diga un tal “A” o un desconocido del bus o quizás un “talibán” (con explosivos inmaduros incluidos) o yo mismo. It’s true.

A veces me he quejado de mis rebeldías de chibolo, de las limitaciones con las que me crie y jamás pensé en la “chiquititud” de los demás. Si hablamos de infancias, ninguna como la suya. Ella la ha vivido dura, de aquí para allá, con escapadas kilométricas siendo muy niña aún, con lágrimas corajudas por momentos lacerantes, lateando trechos bastante largos, con actitudes bastante cuerdas para su edad de ese entonces. Pero todo eso sirvió para moldear, darle forma a esa personalidad que la hacen una mujer con mentalidad bastante madura, una personita de 26 –casi 27- años con peculiaridad de mucho más edad, sin embargo, con fisionomía de mucho menos. Juega con las antípodas de mentalidad y apariencia sin ningún problema.

“Nelic” es mística y la vez graciosa. Gracia que se puede confundir con seriedad al abrir tanto los ojos que uno no sabe si los rasga porque está emocionada o porque con una mirada te puede decir –con sigilo- que está molesta. Así de expresiva es. Esto es tan cierto como que las segundas letras de sus nombres y apellidos son vocales (e, a, o y e). O ¿no?

Esta comunicadora con matices de psicóloga, si se lo propone –y no se queda dormida- puede llegar lejos. No la imagino en el lugar en el que está toda la vida, pero tiene que apresurarse, pues, time is not long (lo puse en inglés, y sé que va a renegar). Así que, espero que la futura líder esté solo dormida y despierte lo más rápido posible. What are you waiting for, Miss Neli? Sé que lo logrará porque nada le falta -quizás aprender a escuchar y no olvidar lo que algunos buenamente le decimos es algo en lo que flaquea, pero nada más-. Si oye con la misma atención con la que escuchamos sus dulces registros vocales, sería excelente.

Como puse arriba, no suelo escribir de gente que no me parece interesante. Siento que recurrí a entretenerme tecleando parte de su mundo. Ojalá no reciba un “2” como nota a cambio. Ahora sí te hablo a ti, Neli Coz: talento te sobra, pero de vez en cuando tienes que darte un “electroshock” para reanimar tus ganas de no estancarte. Use your talent, pretty woman.




*Algún tiempo atrás pensé en escribirle... (Sorry por el clip pixeleadazo).

jueves, 20 de agosto de 2009

Qué bonito es tener una hermana así


¿Cómo no decir que adoro a mi hermana? Ahora estoy leyendo una de nuestras tantas conversaciones por ‘messenger’ y me falta oxígeno para terminar de reírme con el chiste de “La sinfonía de amor”. (¿Cómo no te vas a acordar de esa canción, Daniela? Si en el clip sale ‘mi’ Cathy Caballero. Tener a esa modelo es poseer todas las respuestas a tus preguntas. Así de simple).

En fin. No es el tema de los NSQ y NSC por el que pienso escribir hoy, sino, de mi hermana, que si bien, no estamos unidos por sangre, estamos atados, cuales ‘mellizos de sapolio’, por un gran cariño: como el de dos, valga la redundancia, hermanos.

Hace mucho tiempo empecé a escribir esta historia pero hace unos días me di la idea para terminarla.

Tantas veces fallida la publicación de este posteo por diferentes motivos. Discúlpame, hermana. Empecé a escribirlo en hojas, en volantes, en servilletas, en papelitos, que con el paso del agua en el tormentoso movimiento de la lavadora, terminaron trozaditas y despintadas. Todo fue mi culpa por dejarlas dobladas en mi jean y olvidarlas por mi ‘amnesia juvenil’. Sé que no merezco que me ofrezcas algo la próxima vez que visite tu alimentario (y, vaya que si), hogar. No obstante, esta demora tiene un trasfondo.

Es increíble ver cómo pasa el tiempo, raudo, veloz, implacable. Cómo olvidar ese día de Agosto del 2006. Día en el que te llevé una impresentable hamburguesa -del mítico ‘Miguelón’- a tu casa, la cual recibiste muy cándida, aunque yo en el fondo me decía: “pucha, la fregué con esto. Hubiese traído algo más ‘decentón’. La ‘maté’ totalmente. Las chicas se cuidan de la grasa y esto es una oda al colesterol. Me estará odiando”. Aún así creo que te caí bien (je, je, je). Pensé en ya no regresar de lo avergonzado que estaba, pero ya ves que no fue así. Esa tarde en las banquitas al frente de tu casa fue genial, aunque por ahí tengo la idea que tu papá, indirectamente, se vengó por tí. Siempre recordaré esas pequeñas gotas que cayeron en mi zapatilla, producto del certero lanzamiento de agua que tu padre hizo hacia la pista. Por un momento grafiqué tal escena, le puse un fondo musical de película de suspenso, la hice un poco más pausada y dentro de ella escuché al buen don Ubillús decir: ‘¿A quién se le ocurre llevar una hamburguesa como regalo? A ti, nomás, zonzonete.’ De sólo pensarlo me río como un orate.

Es muy emotivo tener una hermana que, por 18 años, no supe que existía pero que tengo hace tres, por casualidades del juguetón destino, al que le estoy agradecido, en serio, barranquillera.

¿Habrá alguien confundido la hermandad? Hace unos días escuchaba, regresando del Icpna, un programa de radio (qué raro en mí), y Jesús con Renato –los conductores- se empecinaban en decir que no hay amistad cien por ciento sincera entre un ‘pata’ y una chica, porque siempre uno se fija en el otro, generalmente el hombre, y este camufla su verdadera intención en la amistad. Bueno, a mí no me ha pasado, por eso, ni bien acabó el programa, le mandé un sms al primer mencionado diciéndole: ‘Si crees que es imposible encontrar a alguien así, pues, Jesús, yo soy un sui géneris. Yo si tengo una verdadera amiga, casi hermana. Si llamaba al programa, te mataba el tema. Da gracias que no lo hice”. El punto es que creo que si existen los que no son maliciosos, como muestra, un botón: yo.

Partes desteñidas con Danicitas: El segmento medio despintado se daba cuando habían períodos en los que no nos hablábamos y en los que me sentía más solo que Adán en el día de la madre, porque no tenía a mi partner al lado. No sé por qué nos dejamos de hablar. Creí que ya no querías saber de mí. Que lo de ‘brothers forever’ fue algo del momento, efímero. En realidad, no quiero acordarme de eso. Debe ser parte de lo ‘voladita’ que a veces eres. Ojo: ‘Voladita’, como diría un grupo chichero: ‘con cariño’.

Hermana, recuerdo que para tu cumple del 2008 llegué tardísimo, pero igual, estuve ahí y lo hice porque quería verte, puesto que no supe de ti un buen tiempo y durante ese largo conjunto de meses no tuve oídos que me escucharan ni palabras que me hicieran sentir mejor ante algo negativo que me haya pasado. Ese día fue lo máximo, aunque no me guardaste tequila. Ya para otra vez será. Pobre de ti que te olvides Esperaré con mucha paciencia mi botella llena de alcohol ‘derritehígado’ mexicano.

Después de ese día de Marzo, pasó un buen tiempo sin saber de mi ‘sangre’, pasaron muchas cosas. Conocí a mucha gente, dentro de ese grupo estaba la chica ‘capicúa’, que para bien o para mal -no sé-, hizo que nos juntemos de nuevo. Ese capítulo, por más negruzco que haya sido, sirvió para renovar la amistad, lo aprovechamos para ser más amigos, para tener al hermano al lado. Dicen que de lo malo tienes que extraer lo bueno, entonces, de cierta forma, recuperé a mi hermana querida, a través de una persona que no esperé.

Hoy te escribo porque creo tener tu total confianza -para ayudarte en tus líos- y disponibilidad -sé que tu me ayudarás a resolver cualquier problema que tenga sin precisar situación alguna-, por eso te agradezco, hermana. Sé que tengo una confidente sincera y 'buenagentosa' de por vida.

Gracias por todo. De verdad. Estoy seguro de que siempre tendré un gran soporte en mi hermanita menor, mi ‘despeinada’, mi ‘danicitas’, mi ‘dani-dani’ o simplemente mi ‘manita ratona’.

Gracias por ser mi mejor amiga. Te Quiero Mucho, hermana. Como te dije el Martes: si hubiese tenido una hermana de padre y madre, me hubiese gustado que seas tú. Aunque, pensándolo mejor, si bien no nacimos del mismo útero, para mí eres la camarada, la hermana que siempre quise y eso me alegra tremendamente. Gracias por ofrecerme tu amistad, estoy en deuda contigo, hermanita.

La idea de hacer este post y culminarlo justo en esta jornada, es porque un día como hoy, hace tres años, conocí a una de las personas que más valoro y que puede contar conmigo para todo. Es recíproco. I know it. Querida Danialexa parte 3, recuerda que somos hermanos por siempre y hasta el final de los tiempos. Gracias por las risas y el cariño, mi angelito despeinado.




*Shakira y Gustavo. Algún buen gusto debía tener la colombiana: Soda Stereo. Enjoy, manita.